Un salto de calidad en la enseñanza

Euskadi necesita un gran pacto educativo para afrontar los retos que tiene planteados el sector

Un salto de calidad en la enseñanza
EL CORREO

El inicio del nuevo curso escolar en Euskadi enfrenta al sector a viejos desafíos de presente y futuro. No es el menor de ellos el impacto del desplome de la natalidad, que ha vuelto a reducir los alumnos de Infantil -serán 2.215 menos- por sexto año consecutivo y repercutirá de forma encadenada en las demás etapas a corto y medio plazo. La enseñanza cuenta en el País Vasco con una inversión muy superior a la del resto de España, sean cuales sean los indicadores que se comparen, gracias al carácter prioritario que le han concedido los sucesivos gobiernos autonómicos y a los recursos que posibilita el Concierto. Ello se ha traducido en unos estándares de calidad superiores a la media, aunque con un apreciable margen de mejora: el nivel de gasto no siempre se corresponde con unos resultados acordes en los parámetros que miden los conocimientos y destrezas de los alumnos. La educación afronta el reto de adecuarse a las crecientes exigencias que impone una sociedad moderna. La permanente optimización de sus herramientas, materiales y técnicas resulta obligada para que las nuevas generaciones adquieran una formación que les permita desenvolverse con garantías en un mundo cambiante, complejo y globalizado. La búsqueda de la excelencia a través de un continuado salto de calidad ha de ser el faro que guíe al sistema. Elevar su competitividad para alcanzar esa meta requiere un esfuerzo compartido de toda la comunidad educativa que comprometa a profesores, alumnos y familias. Se trata de un reto de una importancia tan estratégica para el porvenir de Euskadi que aconsejaría un gran pacto entre las principales fuerzas parlamentarias sobre las líneas básicas de actuación en el sector. Un consenso que fije un rumbo y dé estabilidad a la política educativa al margen de qué partido la dirija desde el Gobierno vasco. Los sindicatos también deberían tener protagonismo en ese acuerdo. La pendiente reforma de la Ley de Educación es una magnífica oportunidad para avanzar hacia tal pacto, aunque las frontales discrepancias que suscita el proyecto no otorgan demasiado margen al optimismo. Es hora de que la enseñanza adquiera el protagonismo que merece en el debate político de Euskadi.

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