¿Cuándo romperá el PSE con el PNV?

La Secretaria General del PSE EE, Idoia Mendia, en una entrevista. /Fernando Gómez
La Secretaria General del PSE EE, Idoia Mendia, en una entrevista. / Fernando Gómez
BRAULIO GÓMEZ

En el nuevo curso político nadie se hace esta pregunta. Se da por hecho que el PSE está en el mejor sitio posible para sus intereses y que el PNV se muere por llegar a acuerdos con otros partidos que aumenten su capital político sin perder a su compañero de viaje en todas las instituciones vascas. Un compañero invisible a ojos de la ciudadanía que ignora la presencia socialista en el Gobierno. Algo habitual en los Ejecutivos asimétricos de coalición de todo el mundo. El pez grande se come al chico. Los éxitos se atribuyen al partido grande y la cuenta electoral del pequeño acostumbra a no entrar en el reparto de los beneficios al mismo tiempo que pierde su credibilidad como alternativa.

El Partido Socialista ha intentado impulsar una agenda social en esta legislatura en todas las instituciones que gobierna con los nacionalistas que no va a poder rentabilizar en las próximas citas electorales. Y además sabe que nadie va a premiar su contribución a la estabilidad. Es la maldición que tienen los socios pequeños de las coaliciones, que se les exige que contribuyan a la estabilidad sabiendo que no van a ser valorados. Hay veces que el contexto dibuja un escenario de frío polar fuera del Gobierno que obliga a la sigla pequeña a buscar cobijo rápidamente en cualquier espacio de poder por miedo a un invierno eterno. Este fue el caso del PSE tras obtener en 2016 sus peores resultados en Euskadi.

El momento ha cambiado. La llegada de Pedro Sánchez al poder ha colocado a los socialistas vascos en una continua tendencia ascendente a nivel estatal con la atracción de los votantes de izquierda que andaban desencantados y resignados a ser arrollados por la ola conservadora que capitaneaba Ciudadanos en las encuestas. En Euskadi siempre se ha explicado que la suerte del PSE está unida umbilicalmente a la del socialismo estatal. De hecho, fue el principal argumento de Idoia Mendia para explicar sus malos resultados en el último ciclo electoral en Euskadi. Por el mismo razonamiento, que tiene bastante fundamento demoscópico, el PSE puede ya a empezar a valorar distintas estrategias que hubieran podido ser interpretadas como suicidas el pasado curso. Ahora puede ser rentable romper con el PNV y el riesgo de caer más bajo en términos electorales ha desaparecido por ahora del horizonte.

Un argumento que siempre ha sido utilizado por los socialistas para valorar la aportación de su partido a la calidad del Gobierno vasco era su capacidad para centrar al PNV y alejarle de la derecha y del eje soberanista. El contexto actual permitiría justificar a Mendia su salida del Gabinete Urkullu sin que se notara el interés electoral. El PNV se ha radicalizado en el eje soberanista con su pacto con EH Bildu y los últimos Presupuestos vascos son producto de un acuerdo con la derecha representada por el PP. El PSE está en condiciones de presionar, de forma creíble, en las dos dimensiones a su socio de gobierno para que los próximos Presupuestos busquen el apoyo de los partidos de izquierda y que el próximo Estatuto se parezca más a sus preferencias sobre el autogobierno.

El debate sobre esta cuestión puede cobrar fuerza este curso político, aunque no sea su pregunta de apertura. Los tiempos de la ruptura de los gobiernos de coalición en Europa no suelen obedecer al calendario electoral. Veremos.

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