Rojo y blanco en femenino

El récord de asistencia en San Mamés a un partido de mujeres es un hito al que deben seguir más pasos

Rojo y blanco en femenino
E. C.
EL CORREO

Los 48.121 espectadores que vibraron el miércoles en San Mamés con el Athletic femenino han permitido al club escribir otra brillante página en la historia del fútbol. Sus 120 años de trayectoria le habían abierto un capítulo en ella tanto por sus éxitos deportivos como por una singular filosofía que es objeto de generalizada admiración. El nombre de la entidad ha dado ahora la vuelta al mundo por una movilización sin precedentes en un deporte que solo es de masas en su vertiente masculina, aunque las competiciones con mujeres han visto crecer de forma notable su seguimiento y visibilidad en los últimos años y cuentan con potencialidades para hacerlo a un ritmo muy superior. La espectacular asistencia de hinchas rojiblancos de todas las edades para apoyar a su equipo en los cuartos de final de la Copa de la Reina ha supuesto un récord en el balompié femenino europeo. Además, ha rozado la mejor entrada en la nueva 'Catedral' desde su inauguración: las 49.095 personas que presenciaron un encuentro de Liga contra el Real Madrid de Cristiano Ronaldo en 2017.

Estamos, sin duda, ante un hito en el deporte femenino. La fiesta que vivió San Mamés, solo ensombrecida por el resultado, demuestra la capacidad de movilización del Athletic, que más que un club es un sentimiento que se transmite de generación en generación. La presencia en las gradas de miles de niñas y adolescentes que, en muchos casos, jamás habían acudido al estadio es una semilla cuyos frutos se verán en unos pocos años. La proyección mediática del fútbol femenino aporta nuevos referentes a las jugadoras y aficionadas más jóvenes, y constituye un paso para reducir la abismal brecha de género existente en el deporte. Para toda la familia rojiblanca es un motivo de legítimo orgullo la masiva respuesta del miércoles. Pero los árboles no han de impedirnos ver el bosque. El reto consiste ahora en que ese partido no quede limitado a un hecho excepcional para el recuerdo. Ha de marcar un antes y un después. El avance hacia la igualdad que representa ha de traducirse en nuevos pasos. Entre ellos, en la palpable demostración de un creciente interés y un mayor reconocimiento social no solo al Athletic femenino, apoyado habitualmente por un pequeño grupo de indondicionales en Lezama, sino a todas las disciplinas deportivas en las que participan mujeres. Esta tarea es de todos.