Riesgo de contagio

La acelerada devaluación de la lira turca amenaza la estabilidad de un socio estratégico de Occidente y pone en aprietos la economía europea

Trump y Erdogan./AFP
Trump y Erdogan. / AFP
EL CORREO

El brusco desplome de la lira turca ha sacudido los mercados internacionales. La inestabilidad financiera en un país tan estratégico para Occidente conlleva riesgos tanto geopolíticos como económicos que amenazan con contagiar a Europa. Las medidas de emergencia adoptadas hasta ahora por las autoridades turcas son insuficientes para taponar una sangría que ha disparado el nerviosismo de los inversores y ha castigado con virulencia la cotización del BBVA y de otros bancos italianos y franceses con intereses en el país. Sólo el sector financiero español tiene comprometidos en él más de 80.000 millones de euros. Atribuir el peligro de colapso económico de Turquía a un supuesto complot internacional, como hace demagógicamente el presidente Recep Tayyip Erdogan, es una muestra de victimismo que no resiste un serio contraste con la realidad. El boicot a los productos electrónicos de Estados Unidos anunciado ayer por el líder islamista está muy lejos de ser una solución y sólo contribuirá a enquistar el problema. Resulta innegable que el pirómano Donald Trump atizó de forma irresponsable el fuego al anunciar el pasado viernes que duplicaba los aranceles al acero y al aluminio de ese país, con el que mantiene una creciente escalada de tensión. Pero también lo es que el modelo económico turco presenta severos desequilibrios y ofrece síntomas de tener pies de barro. Una inflación descontrolada y un desbocado déficit exterior ya habían puesto contra las cuerdas a la lira, de la que huyen los inversores para refugiarse en un dólar reforzado por la pujanza de Estados Unidos y el atractivo de unos tipos de interés al alza. Erdogan ha exhibido hasta ahora una terca negativa a aplicar las medidas de cirugía que requiere la situación, aunque resulten impopulares, como un aumento del precio del dinero para enfriar una economía recalentada y severos ajustes tanto del gasto como del déficit. En definitiva, se resiste a seguir el sendero de la ortodoxia, el camino más fiable para devolver la tranquilidad a unos mercados que desconfían de la capacidad para enderezar el rumbo del país de un Gobierno cuya falta de destreza está más que acreditada. Si actúa con inteligencia y huye del radicalismo populista y antioccidental en el que se ha instalado, el régimen de Ankara está a tiempo de evitar un colapso financiero, que no sólo tendría nocivas consecuencias para el país, sino que afectaría inevitablemente a Europa y a otras zonas del planeta.

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