Respirar raro

La contaminación del aire roza los máximos recomendados

Respirar raro
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Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Una de esas cosas que nos gustan mucho a la mayoría de la gente es respirar. Ya saben, lo de inspirar oxígeno y espirar dióxido de carbono. Ese constante intercambio con la atmósfera. Llenar los pulmones y darles gloria a las células y los tejidos. Exhalar con determinación y despachar las sobrillas tóxicas del metabolismo. Y seguir vivo, claro, por todo lo alto, como un sultán aerobio. A diferencia de tantas otras cosas, la respiración es un asunto que presenta ventajas incuestionables. Lo que no quiere decir que hacerlo resulte siempre sencillo. Hay quien padece asma, quien es alérgico a las gramíneas, quien se castiga con dos paquetes diarios de rubio americano y quien vive en una calle con altas densidades de tráfico rodado. Hay también quien hace varias de estas cosas a la vez, o todas ellas a un tiempo, y termina en los días problemáticos con los ojos llorosos y boqueando como un pez.

Malas noticias: parece que estamos justo en esos días. Atravesamos un preámbulo primaveral sin lluvia, lo que favorece los paseos y la manga corta, pero impide que se limpie la atmósfera. Así lo llamamos los que somos meteorólogos a medias y entendemos que el chubasco es el túnel de lavado de la realidad. Si a la falta de precipitaciones le sumamos la presencia de una gran masa de aire procedente de África que trae polvo en suspensión, las emisiones de los vehículos y la llegada del polen, con su estruendo amarillo, la situación se vuelve complicada. Dicho de otro modo: en el Gran Bilbao llevamos cinco días rozando los niveles máximos de polución recomendados.

Como suele ocurrir, la misma situación provoca distintas reacciones y también las mediciones son interpretables. Los ecologistas creen que es el momento de hacer como en otras capitales e imponer limitaciones al tráfico para aligerar al menos de emisiones la suma de factores que envilece el aire. La Administración explica mientras tanto que no es lo mismo tener una situación mejorable que una mala y señalan los datos anuales, es decir, las veces que a lo largo del año el color verde de las estaciones se vuelve pardo o granate en los mapas de calidad del aire. Son, al parecer, muchas menos de las que la normativa identifica con una situación preocupante. Lo que no significa que no sea urgente que el aire esté como más conviene: todo lo limpio, fresco y apetecible que se pueda.