Repugnante impunidad

El 'mea culpa' de los Salesianos de Deusto no justifica el encubrimiento de supuestos abusos

Colegio Salesianos de Deusto. /Luis Ángel Gómez
Colegio Salesianos de Deusto. / Luis Ángel Gómez
EL CORREO

La comprensible conmoción ciudadana que han causado los abusos sexuales denunciados por exalumnos de los Salesianos de Deusto, perpetrados en la década de los 80, quedó de manifiesto en la movilización celebrada ayer en apoyo a las víctimas. Es injustificable que el colegio haya ocultado deliberadamente hasta ahora que conocía desde 1989 las presuntas agresiones de un exprofesor a niños de corta edad -en ese año ya le constaban dos casos- y que ese fue el motivo por el que prescindió de sus servicios en 1990. Queda así de manifiesto que faltó a la verdad cuando, tras estallar el escándalo, negó de forma reiterada la existencia de cualquier sospecha sobre el exreligioso. Tiene razón la dirección del centro al reconocer que no actuó en su momento «con la diligencia que la gravedad de los hechos requería». Y hace bien tanto en reiterar su petición de «perdón» como en asumir su responsabilidad por el dolor que arrastran las afectados desde hace treinta años por unos hechos abominables que han de ser erradicados de cualquier sociedad.

Pero su comportamiento de ahora también dista de ser ejemplar. Un colegio está obligado a dotarse de herramientas necesarias para prevenir la comisión de delitos en sus instalaciones -la pederastia lo es- y, si estos ocurrieran y los detectara, a ponerlos en conocimiento de la Justicia y prestar la debida atención a los afectados. Nada de ello ha sucedido en este caso. Ni siquiera parece haber existido hasta este momento, por parte de los responsables del centro, la más mínima voluntad de investigar, de puertas adentro, el alcance de las agresiones atribuidas a 'don Chemi' ni de mostrar solidaridad alguna con las víctimas hasta que sus denuncias han salido a la luz tres décadas después. Su decisión de rescindir la relación laboral con un presunto depredador sexual, sin emprender otro tipo de acciones contra él ni alertar del riesgo potencial que representaba para niños con quienes pudiera relacionarse, es una mezcla de encubrimiento y de escurrir el bulto que no por repetida en circunstancias de este tipo resulta admisible. Ese intolerable proceder no solo ha podido poner en peligro a más seres indefensos, sino que ha permitido la prescripción de presuntos delitos y favorecido una impunidad que repugna.