Reinventarse o perder

Pedro Sánchez y los independentistas catalanes volverán a necesitarse

Pedro Sánchez./Raul Caro / EFE
Pedro Sánchez. / Raul Caro / EFE
Tonia Etxarri
TONIA ETXARRI

La campaña en la que ya se han adentrado los partidos políticos tiene ingredientes de reinvención en dos siglas sobre las que gravita la principal incertidumbre con las futuras alianzas: PSOE y Ciudadanos. Pedro Sánchez, obligado a convocar unas elecciones que él había planificado con mayor demora, se presenta ya como el gran valedor del centro. Empotrado entre los extremos. Pero sin molestar a los secesionistas catalanes que le han abandonado, por si vuelve a necesitarlos. Sánchez en el centro. Dice. Empujando a Albert Rivera que, en cuanto ha irrumpido Vox, se ha visto obligado a hacer malabarismos escénicos. Con el partido de Abascal sin contacto directo. Que no se note, que no traspase. Un líder de Ciudadanos que dice, desde ese mismo espacio en donde quiere reubicarse el PSOE, que él es capaz de pactar con su izquierda y su derecha. La bronca promete.

El presidente más breve de nuestra democracia quiere volver a La Moncloa por la puerta grande. Con más fuerza parlamentaria que los 84 escaños con los que ha gobernado. Por eso está activando ya la polarización entre demócratas y 'fachas'. Busca la movilización de la izquierda, ahora que Podemos sigue sin reponerse de su desactivación desde la fuga de Errejón y la falta de discurso de Pablo Iglesias.

Aquel Sánchez de la urna tras el biombo de Ferraz, al que momentos antes de dar a conocer la fecha de las elecciones no le tembló el pulso para purgar a dos históricos socialistas como José María Barreda y Soraya Rodríguez, irá desprendiéndose de la parte del partido que no le gusta. Soltando lastre. No importa si tiene que refundarlo. No quiere obstáculos en el camino. Ni barón que se atreva a cuestionar sus incongruencias. De vuelta del radicalismo, cuando cogobernaba con Podemos, se reubica en el centro para azuzar a la derecha. Una derecha que se ha activado en los últimos meses y que se verá desplazada el próximo 8 de marzo con las movilizaciones feministas habitualmente monopolizadas por la izquierda.

Las encuestas sitúan al PSOE en primera posición. Pero también figuraba en tan privilegiada ubicación en Andalucía donde ha terminado por gobernar el centro derecha apoyado por Vox. El crecimiento del partido de Santiago Abascal le está facilitando a Sánchez una campaña de agrupamiento de los tres partidos en la misma coctelera. Para decir que PP, Ciudadanos y Vox son la misma causa ultra.

La polarización tiene el riesgo de producir hartazgo. Y de ahí a la abstención hay un paso

Pero sabe que no basta con ganar elecciones para poder gobernar. Por eso quiere polarizar al máximo la batalla del 28. Pero pasando de puntillas por el conflicto catalán. Es la derecha la interesada en utilizar el desafío soberanista. El que ha pactado con ellos, no. No habrá ningún reproche de calado del partido 'sanchista' a los independentistas que, en su celo por instalarse en la ilegalidad, lo han dejado a los pies de la campaña. Porque Sánchez volverá a pactar con ellos si los necesita.

Aquella advertencia, en tiempos de oposición, en la que Sánchez, categórico, decía «el PSOE no puede ir con los que quieren romper España» pasó a mejor vida. Como tantas otras declaraciones sin principios. Si tiene la oportunidad de volver a La Moncloa, volverá a tropezar con la misma piedra. La ambición es más poderosa que el escarmiento. No es cuestión de resistencia, como ha titulado su libro. Es cuestión de supervivencia. Ambos volverán a necesitarse.

De Cataluña y del fracaso de la política del diálogo con quienes no quieren volver al marco estatutario, hablarán otros. PP, Vox, Ciudadanos. Pero la presión se proyecta sobre el único partido que ha crecido en las últimas elecciones. En Cataluña y Andalucía. Aunque las encuestas ahora le den una perspectiva de menor crecimiento. Ciudadanos ha ayudado a gobernar al PSOE y ahora gobierna con el PP en Andalucía. Tan asfixiado se siente por la cercanía de Vox que tanto explota la izquierda y los nacionalistas, que se amarra a un cabo del centro. Se prodiga como el gran negociador. A izquierda y derecha. Pero aclara que con el partido de Sánchez no iría ni a heredar. Si mantiene su palabra, quedaría descartada una alianza con el PSOE porque, como se está demostrando, el partido es Pedro Sánchez.

Quedan dos meses aún para las elecciones. Veremos a los candidatos hacer muchos cálculos. La polarización tiene un riesgo de sobredosis de mensajes populistas, faltos de concreción y reducción de titulares simples y demagógicos. Un riesgo. Que en lugar de animar a la participación acabe produciendo el efecto contrario: el hartazgo. Y del hartazgo a la abstención hay un paso.