psoe-podemos, un eje ¿con futuro?

Socialistas y morados, hoy aliados pero adversarios, han rubricado un pacto presupuestario con vocación de convertirse en algo más. Los futuros gobiernos de Andalucía, Valencia y el mapa de poder tras las municipales desvelará su alcance

psoe-podemos, un eje ¿con futuro?
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El expresidente del Gobierno español José María Aznar mostraba el lunes su preocupación porque el espacio electoral del centroderecha «que yo legué unido», se halle hoy dividido entre tres grupos, decía en velada crítica a Mariano Rajoy: la ultraderechista Vox, del alavés Santiago Abascal; Ciudadanos, de Albert Rivera; y el propio PP, ahora presidido por Pablo Casado.

Es evidente que la fragmentación, de la derecha como de la izquierda, constituye un hándicap para alcanzar el poder. Se imponen los pactos, y lo normal es que se den entre afines. Y es que la ley electoral española, la Ley D'Hondt, propicia que con los mismos votos derecha o izquierda obtengan más escaños si concurren unidas que si lo hacen divididas en varias siglas.

El jueves, los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y Podemos, Pablo Iglesias, presentaban en La Moncloa, con la escenografía de las grandes ocasiones, un pacto presupuestario para que España tenga Cuentas en 2019. Un ambicioso acuerdo que va más allá de los números. Que incluye, por ejemplo, el compromiso de derogar la parte de la reforma laboral del PP que ha sido más perjudicial para los intereses de amplias capas de la sociedad española. Y que aspira a ser la primera piedra para que España transite los próximos años por la izquierda.

Vaticinar hoy si va a ser así o no sería una temeridad. Mejor limitarse a examinar los hitos que debe ir superando el entendimiento de las izquierdas, aliados sí, pero también adversarios. Sólo al final del camino tendremos una respuesta.

La primera interrogante a despejar es si Bruselas dará vía libre a los números. Y, sobre todo, si lo harán nacionalistas y secesionistas. Sería harto extraño que Europa se cargue el proyecto -no lo ha hecho nunca-, aunque pueda plantear alguna exigencia. Mucho más probable parece que los 'indepes' catalanes, PDeCAT y ERC, se enroquen en el 'no' si no hay contrapartidas sobre autodeterminación y presos, que no las habrá.

En este sentido no perdamos de vista la medida estrella del proyecto: esa subida del 22% del Salario Mínimo Interprofesional hasta los 900 euros. Al margen de si hará que suba la recaudación de la Seguridad Social (como sostiene la izquierda) o si frenará la creación de empleo (como dice la derecha), lo que sólo se verá con el tiempo, lo cierto es que la popularidad de la medida y, por tanto la impopularidad de tumbarla, llevará a los partidos -no a PP y C's, claro- a pensárselo dos veces antes de votar 'no'.

Los siguientes exámenes que deberá superar este embrión de entendimiento entre las izquierdas -que realmente arrancó tras las municipales de hace cuatro años- serán los gobiernos que se formarán tras las próximas citas con las urnas. Por orden, Andalucía, veremos si Valencia o no (el PSPV quiere adelantar, pero sus socios de Compromís, no) y las europeas, municipales y autonómicas (en doce o trece comunidades) del 28 de mayo. Sin contar Cataluña, que tendrá elecciones cuando se conozca el fallo del juicio a los líderes del fallido 'procés', si el Gobierno de Quim Torra, fracturado ya sin remedio, logra resistir. Y a la espera de que, si no hay Cuentas, Sánchez deshoje la margarita y, con los últimos datos del CIS en la mano, decida si insiste en resistir o pone las urnas.

La 'china' andaluza

En Andalucía, el PSOE de Susana Díaz tiene casi todos los boletos para repetir victoria en diciembre. Pero lo más probable es que deba pactar para gobernar. La última legislatura ha tenido el apoyo de Ciudadanos pero su líder, Juan Antonio Marín, acaba de avanzar que no ayudarán con sus votos a que la lideresa socialista siga en el poder. Todo un quebradero de cabeza para Díaz porque Podemos Andalucía está controlada por los anticapitalistas y la animadversión entre su jefa de filas, Teresa Rodríguez, y la dirigente socialista hace difícil pensar en un entendimiento.

El socialista Ximo Puig quiere adelantar las elecciones en Valencia. Posiblemente porque ve el horizonte del todo despejado. Las encuestas vaticinan, de nuevo, mayoría de izquierdas. Y PSPV-PSOE y Compromís, el grupo de Mónica Oltra, no sólo quieren reeditar el Gobierno del Pacto del Botánico, sino que están de acuerdo en que Podem entre en el gabinete en lugar de apoyarles desde fuera, como estos últimos años.

El gran reto para el eje de izquierdas, y la gran decisión que deberán ir madurando socialistas y podemitas, es qué hacer en los ayuntamientos y en las comunidades autónomas que votarán en mayo. Si ir o no a pactos de progreso allá donde sumen. Y si compartir las tareas de gobierno, cosa que ahora no ocurre en muchas instituciones porque así se decidió (Madrid) o porque la coalición se ha roto durante la legislatura (Barcelona).

Pero la verdadera prueba de fuego llegará si se adelantan las generales y la izquierda puede repetir en La Moncloa. ¿Ofrecerá Sánchez cogobernar a Iglesias? ¿Lo aceptará el PSOE? ¿Y la 'vieja guardia'?

Cataluña ejerce, y cabe prever que siga haciéndolo, de factor de distorsión. Es altamente improbable que ERC aparque sus demandas autodeterministas. Y seguro que de hacerlo no será antes de que se vote. Sería el harakiri. ¿Luego será posible ese entendimiento ERC-PSC-Podem con el que sueñan algunos socialistas? Difícil.

 

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