EL PRIMER PASO

La Ertzaintza detiene al entrenador de fútbol acusado de abusos en Basauri

El pasado 13 de enero, una muchedumbre recorrió las calles de Basauri para apoyar a las víctimas de abusos sexuales a menores./Borja Agudo
El pasado 13 de enero, una muchedumbre recorrió las calles de Basauri para apoyar a las víctimas de abusos sexuales a menores. / Borja Agudo
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Los casos de abusos a menores que en los últimos meses están saliendo a la luz en Bizkaia responden en su mayoría a un patrón similar y causan sentimientos ambivalentes. Por un lado, es bueno que se rompan las pesadas estructuras de silencio, que se tambalee la impunidad de ciertos estamentos y que las víctimas de abusos sepan que no están solas, que al contrario cuentan con el apoyo de la sociedad y que ninguna responsabilidad tuvieron ellos en lo que les sucedió. El lado malo es que la mayoría de los casos que conocemos ocurrieron hace demasiados años, lo que facilita que los supuestos responsables hayan muerto y que la Justicia ni siquiera pueda entrar a investigar las acusaciones.

Los delitos más graves de abusos sexuales a menores prescriben quince años después de que la víctima cumpla la mayoría de edad. Eso hace que, llevando las cuentas al límite, resulte imposible que nadie que tenga más de treinta y tres años pueda poner frente a un juez a quien abusó de él siendo menor. Si la simple aritmética ya es un problema, la terrible carga que arrastran las víctimas lo redobla. Muchas de ellas pasan décadas sin ser capaces de contarle a nadie, ni siquiera a sus personas más cercanas, lo que les ocurrió. Resulta imposible imaginar lo que será recorrer la enorme distancia que lleva a una denuncia pública.

Existe sin embargo una razón que puede ayudar enormemente a dar ese paso. Y ese primer paso puede llegar a ser decisivo. «Mi agresor sigue entrenando a niños», decía Pepe Godoy en el vídeo en el que denunció haber sufrido abusos entre los ocho y los once años a manos de su entrenador en una escuela de fútbol de Basauri.El suyo fue un movimiento valiente, una exposición personal que perseguía que ningún otro menor corriese riesgos. Con él, se consiguieron varias cosas. Para empezar, que otras cinco personas denunciaran al mismo individuo por casos que también habían prescrito y que a este se le apartara de su puesto, es decir, del trato con menores. Ayer, la Ertzaintza detuvo al entrenador a causa de otra denuncia más reciente y lo puso a disposición judicial. Comenzábamos a acostumbrarnos a que las denuncias no llegasen a esa instancia necesaria y decisiva, donde puede establecerse la verdad de los hechos y atribuirse, llegado el caso, responsabilidades.