Presupuestos y opinión pública

Presupuestos y opinión pública
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

El impacto político de los Presupuestos sobrepasa su dimensión económica y social. A pesar del esfuerzo que se hace por comunicar a la ciudadanía de forma transparente y eficaz de dónde vienen y a dónde van los recursos que se van a emplear para implementar las políticas públicas, el desconocimiento sobre el contenido de las Cuentas sigue siendo oceánico entre la mayoría de la población. La web del Gobierno vasco en la que se pueden visualizar los Presupuestos es una verdadera maravilla de limpieza, claridad y accesibilidad. Muy intuitiva y con caminos muy bien señalizados para llegar a las partidas para los servicios públicos que más te interesen. Pero casi nadie está mirando ahí, son muy pocos y muy cafeteros los que se acercan. Lo que convierte la transparencia en un ejercicio de salón que no alcanza su objetivo de aumentar la información de la ciudadanía para poder valorar su contenido.

La mayoría de los ciudadanos sigue buscando atajos para conseguir resumida esa información y su favorito sigue siendo el partido por el que vota o por el que siente algo de simpatía. Entonces la información con la que se posiciona un votante del PNV dice que los Presupuestos son los más sociales de la historia, que las políticas sociales que se hacen con ese modelo económico son la envidia de todas las comunidades autónomas y que, si se va más lejos, dejan de cuadrar las Cuentas. Ese mismo votante o simpatizante está aprendiendo estos días que los Presupuestos no son tan importantes y que tampoco es tan necesario hacer unos nuevos cada año.

Los votantes y simpatizantes de Bildu y Podemos reciben gafas para mirar con recelo las Cuentas porque son muy rácanas con el gasto social en una época de expansión y no se atienden convenientemente las necesidades de pensionistas y trabajadores precarios y las mujeres. Si hay dinero para cosas menos importantes, se pueden conseguir unos millones de euros para estos tres colectivos que representan en su conjunto a la mayoría de la población.

Al votante del PP le han dicho que se olvide de mirar los Presupuestos y que ponga toda su concentración en su disgusto con la ponencia de autogobierno. Y el simpatizante del PSE tiene que hacer grandes esfuerzos para enterarse de lo que dice su partido porque es el que tiene más problemas para aparecer en la escena política desde su posición de socio pequeño de la coalición de gobierno.

Hay elecciones a la vuelta de la esquina y el que negocia los Presupuestos desde el poder, el PNV, va como un tiro en las encuestas sin que note ningún castigo por no tener ni un solo acuerdo lo suficientemente sólido en los planos importantes de su acción política. Ni en relación al autogobierno, ni en relación al pacto social, ni en el plano presupuestario, donde se le marchó su socio preferente, el PP. Esa falta de castigo o de desgaste por haber perdido su capacidad de llegar a grandes consensos transversales de país hace que no vaya a forzar la máquina para buscar un acuerdo que no sea del gusto del consejero de Hacienda porque parece demostrado que era un mito que la opinión pública valora por encima de todo los acuerdos y los consensos.