presidencia amoral

Los «resistentes» a Trump dentro de su Gobierno tratan de preservar los intereses de los republicanos frente al inquilino de la Casa Blanca

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EL CORREO

La publicación en 'The New York Times' de un artículo anónimo titulado «Yo soy parte de la resistencia interna de la Administración Trump» es la enésima denuncia pública de la arbitrariedad primaria y fuera de un mínimo autocontrol que caracteriza la actuación del actual presidente de Estados Unidos, expuesta desde las propias filas republicanas. Un artículo de opinión sin firma con un relato tan crudo constituye un hecho tan excepcional en la trayectoria del periódico neoyorquino que es más que presumible su autenticidad. El hecho se suma a la sucesión de destituciones y dimisiones en los círculos más próximos a Trump que han jalonado su año y medio de mandato. La contestación no solo ha sido protagonizada por líderes republicanos que, como el recién fallecido John McCain, se opusieron desde el principio a las aspiraciones del polémico magnate. También muchos de quienes vieron en él a la persona capaz de darle la vuelta al Gobierno federal, más allá de la consabida alternancia, han ido tomando distancias respecto a él. Además, el artículo anónimo, escrito a todas luces por un alto responsable de la Administración Trump, revela la existencia de una corriente de resistencia interna frente al humor imprevisible del presidente. Resistencia que no podría ser efectiva si no contase con la connivencia expresa de cargos de distinto nivel en el Gobierno y en las cámaras legislativas, y que presupone un pensamiento y una autoridad colectivos capaces de erigirse en intérpretes de los intereses del país frente a los viscerales impulsos del inquilino de la Casa Blanca. El propio autor anónimo del artículo quiere atestiguarlo cuando afirma: «como otros colegas, he prometido boicotear parte de su agenda y sus peores inclinaciones». La Casa Blanca ha respondido al aldabonazo con expresiones como «vergüenza», «cobardía» o «traición». La gran paradoja es que esa resistencia frente a Trump desde dentro de su Administración se ve obligada a operar irregularmente para minimizar los efectos nocivos de la actuación del presidente, a la espera de que éste sea relevado, sin que ello afecte a las opciones futuras de los republicanos. Opciones que los «resistentes» tratan de preservar así ante las elecciones legislativas de noviembre. «La raíz del problema es la amoralidad del presidente», señala el articulista anónimo. El problema es que buena parte del país se mueve también en la amoralidad, incluidos los que constituyen la resistencia anónima.

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