POLOS

La empatía tiene un radio de acción limitado y algunos líderes mundiales carecen de ella

POLOS
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Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

Los polos de la Tierra se calientan, aunque quienes visitan esos desolados territorios lo único que notan es frío. También los polos de las sociedades se van calentando, pero eso se nota mucho en el ambiente. En Venezuela hay dos trenes colosales que arrastran el país en direcciones opuestas para partirlo. Y aquí, si no te apuntas a uno u otro bando, te llaman cobarde, como si alguno de los bandos fuera bueno. Los polos de allá se usan para extremar los de acá y hay que tener valor para no rendirse al juego, única forma de que no lluevan piedras al menos desde una de las partes. El planeta tiene tres polos, cosa imposible pero cierta, pues la región del Himalaya es el tercero y se está derritiendo lo mismo que Groenlandia. En la sociedad no puede haber tres polos, pues con el oxímoron se deshace la metáfora. Cuando las sociedades se polarizan crecen las diferencias, la tensión y los malos humores. Según el profesor Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, en el momento en que los grupos humanos aprendieron a usar el lenguaje para conspirar contra el líder abusador se inventó la pena de muerte y se inició una línea evolutiva muy especial, eliminando a los individuos más violentos. Wrangham explica que los chimpancés, con los que compartimos casi todo nuestro genoma, son mucho más violentos que nosotros. La comparación no nos consuela, puesto que nuestra especie, una vez que se pone a ello, es capaz de desatar el infierno.

Los chimpancés, por otro lado, no tienen bombas atómicas. Lo que servía para las pequeñas sociedades tribales ya no sirve para las sociedades de masas. En ellas los psicópatas pasan desapercibidos y prosperan, salvo que tengan la llamativa costumbre de dedicarse a los asesinatos en serie (los que practican los asesinatos en masa suelen quedar impunes). El tamaño de las poblaciones, las distancias geográficas y sociales hacen posible que los dirigentes tomen decisiones de las que se derivará la muerte de millones de seres humanos sin inmutarse. La empatía tiene un radio de acción limitado y además algunos líderes mundiales carecen de ella. Jugando con la geoestrategia y los botones rojos, con la ingeniería política y las personas, EE UU ha incendiado el mundo por aquí y por allá cada vez que sus intereses económicos y políticos se lo pedían. Y se lo han pedido muy a menudo.

Ha dicho el expresidente uruguayo José Mujica que «la democracia se basa en un equilibrio siempre frágil, pero donde la oposición puede convivir con el que eventualmente gobierna. Cuando perdemos ese equilibrio frágil la democracia que nosotros conocemos no funciona». Eso quiere decir que en Venezuela la democracia está, por lo menos, gravemente enferma, pero también ha dicho Mujica que «a EE UU le importa un carajo la democracia». Y eso lo sabemos todos. Lo saben incluso quienes defienden lo contrario.