Polis aplastados

Hay agentes con problemas para entrar en sus coches patrulla

Polis aplastados
EL CORREO
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Cualquiera puede entender que no es infrecuente que un policía deba saltar dentro de su coche y salir como un cohete a luchar contra el delito. La escena la hemos visto mil veces en el cine y alguna que otra en la vida real: sirenas, derrapes, códigos urgentes transmitidos por la emisora... Si nos preguntasen qué se necesita para que esa acción policial sea un éxito, contestaríamos que lo imprescindible es que el patrullero cuente con buena preparación y con la equipación necesaria, también con el respaldo de sus compañeros, con la mejor información posible, con la eficaz dirección de sus mandos.

Nos equivocaríamos. Antes de nada, lo imprescindible es que el policía entre en el coche. Y no me refiero solo a la acción física o a la voluntad individual, sino también a la potencia volumétrica. Dicho de otro modo: es imprescindible que el agente quepa en el coche. Y, bueno, quizá no sea tan sencillo. Primero hubo problemas con los nuevos Mercedes de la Policía Municipal. Y después con los nuevos Seat León de la Ertzaintza. Piensen que los coches policiales llevan mamparas, chismes, accesorios que reducen el habitáculo respecto al de un coche normal. Y piensen también que los policías vascos son cada vez más altos. No ellos en concreto, claro: lo son todos los vascos en general. Sobre todo, las nuevas generaciones. ¿Que si tengo respaldo científico para esta afirmación? Bueno, los patios de los institutos parecen plantaciones de pívots. Y acuérdense de que el Athletic era estos últimos años el equipo más alto de la Liga.

Ahora el Departamento de Seguridad ha encargado un informe sobre los Seat León de la Ertzaintza y en él se reconoce que entre los «puntos débiles» del modelo está el «menor espacio habitable», el «inconfort postural» o el «embarque y desembarque dificultoso». Son justo la clase de cosas que conviene tener en cuenta antes de escoger el modelo de coche que necesita la Policía. Además de medidas técnicas para corregir, con el consiguiente gasto, el desaguisado, el informe propone que los agentes calienten un poco antes de empezar a trabajar y hagan «descansos posturales» cada veinte o treinta minutos.

Ese patrullero parando en medio de la calle para hacer unos estiramientos y un poco de trote en el sitio. Habría sido más fácil darle un coche de su talla.