Poder verdadero

Me resulta difícil imaginar que las mujeres pudieran hacerlo peor quelos hombres

Dibujo que muestra la silueta de ejecutivos y ejecutivas./Fotolia
Dibujo que muestra la silueta de ejecutivos y ejecutivas. / Fotolia
Fernando Luis Chivite
FERNANDO LUIS CHIVITE

Es la hora del aperitivo. Mientras tomamos una cerveza en el bar, estamos leyendo los periódicos tranquilamente, si tal cosa es posible. En un momento dado, mi mujer solo tiene que levantar ligeramente la ceja izquierda y señalar con la mandíbula la página en la que aparecen los sueldos de las cincuenta personas mejor pagadas de España para que yo sepa en el acto lo que quiere decirme. En las parejas de larga duración abundan este tipo de pequeños detalles encantadores. Es como si los cerebros se conectaran misteriosamente y se hiciera innecesario verbalizarlo todo. A veces basta una arruga de dos milímetros a un lado de la boca para zanjar una discusión antes de que se encone. En efecto, solo uno de los nombres de la lista de los cincuenta privilegiados es un nombre femenino. La teoría de mi mujer (¿acaso no empieza a sonar también un poco mal eso de mi mujer?), su teoría, digo, es que a partir de cierta cota de poder verdadero, la presencia femenina tiende a cero (disculpen la rima insidiosa). Sin más, es una de las viejas leyes de la termodinámica social.

En la universidad pasa lo mismo: solo hay una mujer rectora en las cincuenta universidades públicas. En el Tribunal Constitucional hay dos de once. Y en el Supremo, tan de moda estos días, el presidente Lesmes, el vicepresidente y los presidentes de las cinco salas son hombres. De los setenta y cuatro magistrados que hay en total en el Supremo, solo diez son mujeres. Cuando el pasado mes de septiembre se publicó la foto de la inauguración del año judicial con la presencia del Rey, resultó clamorosa la absoluta ausencia de mujeres. Todos los medios lo destacaron. Y eso teniendo en cuenta que, en términos generales, ya hay en España más juezas que jueces. Por no hablar de los consejos de administración de los bancos, claro. Me pregunto qué pasaría si fuera al revés: si la mayoría de mujeres fuera tan aplastante. Cómo serían las cosas. ¿Creen que iría todo mejor? A mí, me encantaría verlo. Y no es que sea muy optimista al respecto, eso tampoco. En la parte de atrás de mi cerebro, junto a la zona de las calderas, hay un angosto semisótano en penumbra con un extraño charco en el suelo donde, desde mi más tierna infancia, fermentan algunas feas sospechas acerca de la naturaleza humana, sobre todo en su relación con el poder. No creo que se notaran demasiadas diferencias. Pero tengo esa curiosidad (y no es de ahora, sino de hace tiempo), porque me resulta difícil imaginar que las mujeres pudieran hacerlo peor que los hombres, sencillamente por eso. Aunque no creo que llegue a verlo.

Por lo demás, y siguiendo con la lógica anterior, el hecho de que algunas mujeres estén empezando a alcanzar puestos de poder político solo parece indicar que el verdadero poder, el poder verdadero, está ya en otro lado.

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