El poder añorado

Aznar, durante la presentación de su libro 'El futuro es hoy'. /EFE
Aznar, durante la presentación de su libro 'El futuro es hoy'. / EFE
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Las elecciones andaluzas confirmaron el agotamiento del proyecto socialista después de haber estado gobernando esta comunidad desde el inicio del autogobierno. Salpicado por gravísimos casos de corrupción, criticado social y políticamente por haber instrumentalizado las instituciones para establecer una red clientelar -la llamada sociedad dependiente-, el granero socialista se ha ido vaciando desde la última mayoría absoluta de 2008 con 56 diputados, hasta los pobrísimos resultados en estos últimos comicios con 33 parlamentarios.

Pero no solo se agotó el proyecto del PSOE en Andalucía, también los resultados mostraron la crisis que afecta a la izquierda articulada en torno a Podemos e IU. Más que un triunfo de las derechas, los resultados mostraron una derrota de las izquierdas. Comparando con los comicios de 2015, mientras la suma de las derechas se incrementaba en 287.000 votos, las izquierdas perdían casi 700.000 votos.

La preocupación fundamental de la gente de izquierdas no debería ser tanto el ascenso de la derecha, cuanto preguntarse qué les pasa a las izquierdas y a sus proyectos. En Andalucía se ha renunciado a esta reflexión, que tiene que ser autocrítica. En el PSOE han encontrado en Cataluña el chivo expiatorio para evitar entrar en las causas más profundas, que tienen que ver con la acción de gobierno llevada en Andalucía y las dificultades del PSOE para articular su electorado tradicional también en torno a la idea de España como realidad plurinacional. Frente a ella está la idea de la derecha, sustentada más en una concepción esencialista donde la unidad siempre se impone a la diversidad y a la pluralidad, como si la unidad fuese un imperativo moral o sagrado más que una realidad histórica, aceptada y cuestionada, perfectamente revisable.

Después de casi cuarenta años en el desierto, las derechas no podían dejar pasar la ocasión de acceder al poder en Andalucía. La incomodidad que para algunos 'liberales' representaba la colaboración con Vox, era para los dirigentes del PP y de C's una cuestión asumida e interiorizada por imprescindible. Como si nos hubieran dicho, los principios son muy importantes, pero en este caso deben ceder ante un objetivo superior como es el poder. La lucha por el poder es un objetivo inherente de la actividad política para el logro de los fines que se pretenden. Es decir, en puridad la naturaleza del poder es meramente instrumental y no finalista. Sin embargo, en política con frecuencia es en un fin en sí mismo.

Tras las elecciones andaluzas, PP y C's entendieron que era el momento de 'conquistar el poder en Andalucía', convirtiendo tal pretensión en un objetivo en sí mismo, aunque tuvieran que pactar el apoyo de Vox haciendo chirriar los principios. No se cuestiona la legitimidad del nuevo presidente ni de la Junta. Se pone de manifiesto un hecho de extraordinaria importancia, no solo porque condiciona la realidad y la estabilidad de ese Ejecutivo, sino también porque va a determinar las claves sobre las que va a darse la reestructuración ideológica y política de la derecha española.

Una reestructuración que tiene como impulsor y líder moral a Aznar, que entiende el pacto entre las tres formaciones de la derecha como elemento necesario para acometer la reconquista del poder en España. Para los valedores de esta alianza los de Vox no son ultras ni adversarios, sino aliados a los que hay que recuperar. Probablemente Aznar y su fundación FAES hayan tenido más participación y mérito en el acuerdo con Vox que los que han aparecido ante las cámaras.