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EFE
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

A los premios del gramófono se va a dar la nota o a desafinar. El término medio está prohibido. Si lo tuyo es la discreción, mejor quédate en tu casa. Jennifer Lopez, que tiene muchos maratones de alfombras rojas a cuestas, sabe que la verdadera extravagancia está en la cabeza, así que se presentó con un sombrero de ala anchísima, que algunos han interpretado como un homenaje a los charros mexicanos y de rebote a María Félix. Aunque si María Félix levantara la cabeza, tardaría varios días en encontrar a Jennifer Lopez debajo de semejante platillo volante. Con todo, no fue la más llamativa. La palma se la llevó Cardi B., que apareció con perlas hasta en el moño y un atuendo diseñado por Thierry Mugler en los años 90 difícil de describir. Por hacer una aproximación, digamos que parecía como si Cardi B. fuera un plátano y la hubiesen pelado hasta la mitad... «Voy a tener que empezar a fumar hierba», declaró la rapera al recibir su Grammy. Muchos hubieran jurado que la hierba se la había fumado antes, a la hora de vestirse.

Su hermana menor, Hennessy Carolina, tampoco se quedó atrás. Se envolvió en lo que los expertos han dado en llamar «un blazer-vestido en color naranja de grandes mangas abullonadas». Y menos mal que lo aclararon. Porque así, a simple vista, parecía como si la pobre Hennessy acabara de sufrir un accidente aéreo y se hubiera presentado en los Grammy envuelta en los despojos del bote salvavidas... De un favorecedor color naranja, eso sí.

Lo malo de las apuestas arriesgadas en materia de vestuario es que muchas veces, en lugar de llevar tú el vestido, es el vestido el que te lleva a ti. Fue el caso de Tayla Parx, a punto de ser engullida por una amenazante marabunta de lazos rosas. Y de Janelle Monáe, cuyas puntiagudísimas hombreras parecían tener ideas propias (y ninguna buena). Era como si la cantante hubiera lavado y tendido el traje la noche anterior y luego se hubiera introducido en él sin soltarlo de las pinzas. La abultadísima falda de Katy Perry (¿un homenaje a las poderosas caderas de Rosalía en los Goya?) contrastaba con la sobriedad del traje chaqueta negro de Miley Cyrus. A Miley esta vez la provocación se le quedó (donde la suele tener) en la punta de la lengua.