¿PENALTI O 'PISCINAZO'?

El forofismo es un nexo común entre la política y el fútbol: un mismo comportamiento es alabado o repudiado según quién lo protagonice

¿PENALTI O 'PISCINAZO'?
Manuel Arroyo
MANUEL ARROYO

Cuando la pasión lo ciega todo, cuando el mundo se divide entre 'los nuestros' y 'los demás', la política comparte con el fútbol una inercia a ajustar la realidad a una visión predeterminada. A observarla con unas gafas que la distorsionan y, por tanto, la falsean en mayor o menor medida. A filtrarla a través de los colores del apego a unas siglas o ideología, o la animadversión hacia otras. A pasarla por el tamiz del amor que despierta el equipo propio y el odio que suscita el eterno rival. Eso explica que en múltiples ocasiones los hechos no sean analizados en sí mismos sin prejuicios, con la asepsia y precisión de un cirujano, sino en función de quién los protagonice. Y que un mismo comportamiento merezca reacciones contrapuestas por culpa de ese criterio. Así, las actitudes que nos indignan en otros son justificadas, e incluso defendidas con vehemencia, si salen de nuestras filas. Y lo que es un «clarísimo» penalti en el área contraria se transforma en un clamoroso 'piscinazo' en la de enfrente que merece una amonestación al Cristiano Ronaldo de turno.

Sería ilusorio aspirar a la desaparición del forofismo que existe detrás del ejercicio militante de la política y de algunos deportes. Ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio es una larga tradición difícil de erradicar. No obstante, arrinconar el sectarismo y juzgar los acontecimientos con una dosis de frialdad siempre resultará saludable. Para ello existe una práctica de enorme utilidad: analizar lo que sucede como si el actor fuera alguien radicalmente distinto a quien es. A ser posible, un competidor directo o, según el caso, una persona que nos genere una enorme antipatía o una tremenda complicidad. Es decir, como si lo mismo que calificábamos de 'piscinazo' delante de nuestro portero se hubiese producido en el área rival.

Imaginemos que Rajoy utiliza un 'Falcon' oficial para acudir con su esposa a un festival de su grupo de música favorito en Castellón.

Imaginemos que un Gobierno del PP expulsa 'en caliente' a Marruecos a 116 inmigrantes apenas unas horas después de que saltaran la valla de Ceuta.

Imaginemos que la extrema derecha neonazi alemana aplaude con entusiasmo esa drástica medida de Rajoy y la pone como ejemplo a imitar en toda Europa.

Imaginemos que el xenófobo ministro italiano de Interior, Matteo Salvini, expresa su pleno apoyo a ella y bromea con que si llega a actuar así él le habrían llamado fascista.

Imaginemos que, nada más pisar La Moncloa -ni antes ni después-, la esposa de Rajoy es contratada por una prestigiosa escuela de negocios para ocupar un puesto directivo.

Imaginemos que un recién llegado Gobierno del PP dicta un decreto ley para depurar de inmediato a toda la cúpula de RTVE y sustituirla por personas afines, en lugar de seguir los plazos y procedimientos establecidos para relevar a su dirección.

Imaginemos que ese nuevo equipo de RTVE guarda en el cajón (¿censura?) un reportaje de 'Informe Semanal' poco favorable al presidente.

Todo esto (y más) ha sucedido este verano. La única diferencia es que sus autores no han sido ni el PP ni Rajoy, sino Pedro Sánchez y su Gobierno. Esas cuestiones han sido objeto de controversia, pero no han desencadenado ningún incendio político de monumentales dimensiones.

¿Hubiese reaccionado la opinión pública como lo ha hecho de haber sido el PP su protagonista? Seguramente habría sido mucho más implacable. Entre otras razones porque, como reflejan las encuestas del CIS, es un partido que genera un enorme rechazo social y con una imagen achicharrada que se ha labrado a pulso por la corrupción y un cúmulo de mayúsculas torpezas. Es fácil unir a gente dispar en intereses y sentimientos al grito de 'todos contra el PP'. Sánchez cuenta con esa ventaja, pero no por ello tiene un crédito inagotable para cometer errores y desengañar a los suyos. Si alguna duda alberga al respecto, que le pregunte a Zapatero.

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