El palillo

El joven que se hizo foto del DNI con un palillo en la boca debe hacerse otro./EFE
El joven que se hizo foto del DNI con un palillo en la boca debe hacerse otro. / EFE
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Cualquier día a más de uno le va salir un palillo de la boca en la foto del carné de identidad, igual que a ese joven leonés que presumía de hazaña transgresora, cutre y cañí. De tanto evocar lo más oscuro de nuestra historia estamos consiguiendo repetirlo. A la desgracia no hay que llamarla porque al final siempre acude. Veo a demasiada gente en este país empeñada en referirse a épocas remotas, preconstitucionales, bien para ensalzarlas con añoranza, bien para denostarlas y proponer un paso adelante. A unos los oyes hablar y parece que la auténtica democracia se hubiese terminado hace cuarenta años, como si desde la muerte de Franco viviéramos instalados en un régimen nefasto... Y otros se expresan como si la dictadura de hace cuarenta años se hubiera prolongado hasta hoy y Franco se hubiera muerto anteayer. Este culto a lo 'vintage' está haciendo estragos en nuestros políticos, que han vuelto a sacar del armario la bronca, el insulto, las posturas antagónicas e irreconciliables, la inquina, el frentismo... (el palillo). Y así vamos a acabar 'malamente', que diría Rosalía.

Si hay algo que pone de acuerdo a todas las corrientes de la psicología moderna es que una buena autoestima resulta fundamental. Y si esto le funciona al individuo, ¿por qué no aplicarlo a un país? La verdadera memoria histórica a la que habría que volver una y otra vez es a la de la Transición, la época en la que, por encima de todas las diferencias y rencores, fue posible el abrazo, la reconciliación, la concordia y la voluntad de ponerse de acuerdo ante la evidencia de que no queda otra que convivir de manera constructiva.

A quien lo dude le recomiendo que vea el No-Do o una película como 'Vivir es fácil con los ojos cerrados', de David Trueba. Ahí comprobará cómo era la España del 66 a la que llegó John Lennon. Vivir con los ojos cerrados tal vez sea fácil para quien pretenda construirse una realidad a su medida o, más bien, a su conveniencia. Pero cualquiera que decida vivir con ellos abiertos verá que, a pesar de todo, este país hace mucho que dejó de ser la España del pañuelo de cuatro nudos en la cabeza y el palillo en la boca... Por más que algunos se empeñen en destruir todo lo construido y resucitar el palillo. O lo que es peor, las trincheras.

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