La joya y el atraco
El CNIO lleva sus cuentas a la Fiscalía entre despidos y denuncias de contratos irregulares
Hasta hace un año, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas era una de esas cosas de las que podías ignorarlo todo mientras te sentías lejanamente ... orgulloso. ¡La joya de la ciencia española! Por desgracia, la metáfora no remite ya a la excelencia sino al atraco. Y así se resume el deterioro de la institución. Comenzamos a saber de él cuando el enfrentamiento entre María Blasco, directora científica, y Juan Arroyo, director gerente, pasó de los pasillos a los medios, adquiriendo la naturaleza inconfundible de una guerra suicida en un entorno de privilegio. El fuego cruzado tomó forma de filtraciones escandalosas y denuncias por chanchullos y acosos laborales mientras afloraban noticias preocupantes en términos de estricta lucha contra el cáncer. Por ejemplo, que en el gran centro nacional de investigación los investigadores no disponían de microscópicos confocales con los que investigar.
Aquello se saldó con el cese de ambos directores y con la llegada de un nuevo responsable que no ha tardado en abrir cajones y plantarse con papeles en la Fiscalía. Le habrá ayudado que antes un extrabajador del centro interpusiese una denuncia acerca de contratos irregulares con empresas externas por más de veinte millones de euros. Ayer el patronato del CNIO despidió a parte del equipo vinculado al anterior gerente y hemos visto a la ministra de Ciencia asegurar que, si se han hecho cosas raras, «tiene toda nuestra condena». Suena como Luis XIV, pero es Diana Morant, olvidando aparentemente que se refiere a una institución pública que queda bajo su directa jurisdicción. Un año después, la lasitud frente al escándalo en la gran referencia nacional de la investigación contra el cáncer resulta escandalosa. Mientras tanto, el Congreso aprobó hace unas semanas la regulación del cáncer, pero no de la enfermedad: de la palabra. La portavoz del grupo ponente llamó a combatir el «comportamiento inexcusable» de «pervertir la palabra cáncer como un adjetivo de lo peor». ¿Un adjetivo de lo peor? A mi cabeza acude uno malsonante. Como solo Vox se opuso a la ocurrencia, la soberanía popular me impide escribir ahora que lo del CNIO puede llegar a ser un desastre tautológico: la corrupción siendo el cáncer de la lucha contra el cáncer.
Matrimonios sin fronteras
Entre todas las ventajas de ser ciudadano europeo, destaca la de moverse libre, veloz y despreocupadamente, como un marajá continental, por el espacio Schengen. El prodigio es histórico y nos pasa ya desapercibido, pero las fronteras internas nada significan para el ciudadano europeo, que las cruza con las manos en los bolsillos, apenas el DNI en la cartera y el 'Himno a la alegría' en unos labios que pueden ser silbantes (versión Beethoven) o tarareantes (versión Mike Ríos). Que, además de llevando el DNI, el ciudadano europeo pueda desplazarse llevando, no solo a su pareja del mismo sexo, sino también un certificado matrimonial válido a todos los efectos, es algo que el Tribunal de Justicia europeo acaba de determinar. La decisión resulta tan llamativa como contundente. Los jueces establecen que no importa que en Polonia, Rumanía o Bulgaria no se reconozca legalmente el matrimonio homosexual. Lo que importa es que los matrimonios homosexuales celebrados en Francia, Grecia, Estonia, Alemania, Dinamarca o España no pueden dejar de existir dentro de la Unión por el hecho, anecdótico en toda confederación o imperio que se precie, de cruzar una frontera interior determinada.
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