Pablo Iglesias, gracias

Pablo Iglesias, gracias
EP
JAVIER DE ANDRÉS

Han transcurrido cinco años desde que Podemos se convirtió en una alternativa política nacida como respuesta social al fracaso económico de la fatal crisis y a los errores que los partidos tradicionales venían cometiendo, y cuya indudable gravedad se veía magnificada por los agravios comparativos que desveló la recesión.

Podemos vino dando lecciones. Lecciones que todos conocíamos respecto a la ética, la buena conducta y el recto proceder en la escena pública, pero que pronunciadas por una fuerza sin pasado se hacían no sólo necesarias, sino que parecían también fácilmente alcanzables.

No cabe duda de que su propósito de generar desconfianza hacia quienes habían ejercido responsabilidades políticas tuvo un éxito importante, que alcanzó no sólo a quienes fueron sus votantes sino que llegó al conjunto de la sociedad. Los ciudadanos recelaron de la moralidad de quienes desempeñaban cargos de representación, ya se tratara del concejal de un pueblo o del presidente del Gobierno.

Se arrogaron, sin duda, una superioridad moral dentro de una sociedad que dividieron en buenos y malos, y en la que eximían a los ciudadanos de cualquier responsabilidad personal en su propia suerte para atribuir cualquier éxito a un privilegio y cualquier fracaso a una injusticia social.

Podemos supo simplificar la política identificando los problemas con mucho acierto y expresándolos con una sencillez que cautivó a millones de personas. Fueron maestros en la determinación de las prioridades de la sociedad y no se complicaron mucho en la búsqueda de las soluciones, ya que si el problema estaba causado por la catadura moral de los que 'detentaban' las responsabilidades, su sustitución por gente buena allanaría el camino para resolver los problemas.

El populismo se identifica con claridad por ser el sistema que ofrece soluciones muy simples para problemas muy complejos (Podemos no es el único caso). Si los desahucios son un problema, prohibimos los desahucios; si la factura eléctrica es muy cara, justificamos y regularizamos su impago; si hay gente que gana mucho dinero, se prohíben los salarios ostentosos; si los alquileres son muy altos, los bajamos por ley.

Transcurridos cinco años, de entre todos los éxitos de Podemos el mayor ha sido desbaratarse a sí mismo como alternativa. Su mayor contribución a la política en España ha sido la de desvelar las mentiras del populismo. La formación de Pablo Iglesias ha pasado de ser la fuerza política del cambio a ser una marca tóxica con la que los candidatos evitan hoy presentarse a las urnas.

Los aficionados a las teorías de la conspiración podrían creer que los líderes de Podemos han sido agentes designados por los enemigos de la izquierda emergente para hundir la percepción de alternativa.

Monedero se inmoló para no molestar cuando se descubrió que mezclaba la financiación extranjera del proyecto con la elusión fiscal. Caso resuelto.

Más tiempo ha tardado en dejar la política Ramón Espinar, que con 23 años ya había ganado 30.000 euros mediante la especulación con una vivienda de protección oficial.

Si Pablo Echenique sigue como 'número dos' cabe pensar que es para desacreditar todo lo que se diga en Podemos respecto a los fraudes a la Seguridad Social.

Tania Sánchez, entonces pareja del líder, tuvo su papel hasta que ese líder cambió de pareja y el protagonismo que tuvo la primera se transfirió a la actual, Irene Montero.

No hizo falta que se cumplieran los cinco años de vida para que la dirección de Podemos descubriera que el dedazo era más eficaz en la designación de candidatos que las votaciones de los inscritos, y que las asambleas están para ratificar lo que dicen los jefes y no para decidir sobre lo que no saben.

La centralización en las decisiones del ordeno y mando es la mejor expresión de su desprecio a la autodeterminación que defienden para la organización política del Estado.

Pablo Iglesias remató la impostura al comprarse a crédito (supongo que la entidad financiera ya lo habrá llevado a dudosos) una de las mansiones que aborrecía cuando no eran suyas, y llevó allí a su familia para privar a sus miembros de aquel orgullo que sentía al vivir en el mismo piso de siempre y saludar al mismo vecino y al mismo panadero y al mismo kiosquero a los que sus hijos no tendrán el gusto de conocer.

Podemos supo identificar muchos problemas de los españoles y también de sus partidos políticos. Pero, como alternativa, ha demostrado, en muy poco tiempo, que los vicios que advertía en otros los ha sabido emular con tanta expresividad como supo condenarlos antes de poder incurrir en ellos.

Hoy, pues, creo que tras estos cinco años cabe darle las gracias a Pablo Iglesias.

España necesitaba el urgente fracaso del populismo para avanzar en la mejora de sus organizaciones políticas. La prolongación de la división maniquea entre buenos y malos, la idea reaccionaria de la casta como elemento organizativo de la sociedad, su simpatía por la violencia y por infundir miedo a sus adversarios políticos eran una amenaza hace unos años, que se ha deshecho desde dentro de Podemos y gracias a las caricaturas con las que se han desacreditado a sí mismos.

Por todo esto y, digámoslo también, por haber escogido la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro como modelo y ejemplo de acierto político y económico: Gracias, Pablo Iglesias.