Otoño portátil

Quim Torra. /El Correo
Quim Torra. / El Correo
MANUEL ALCÁNTARA

Los que confundimos el hambre con el apetito somos unos privilegiados que no tenemos conciencia de nuestro privilegio. En España se ha luchado victoriosamente contra la crueldad, la ignorancia y la miseria, pero es pronto para celebrar esos triunfos y además da un poco de vergüenza. Por eso llamamos «personas subalimentadas» a los más de 800 millones de criaturas humanas que, según la ONU, están afligidas por esa lacra. Para admirarnos de nosotros mismos tenemos que compararnos, ya que las comparaciones únicamente son odiosas para una de las partes comparadas.

Las instituciones europeas le han vuelto a dar un respaldo total a la Constitución y a la democracia española frente al pesadísimo reto catalán y la ministra de Economía anuncia más impuestos si el Parlamento no aprueba el nuevo déficit público. Todos los problemas de dinero se solucionan con más dinero, pero hay algunos que tardan más que otros. La celebración de la Diada ha vuelto a ser acaparada por los independentistas, que unificaron sus protestas para centrarlas en los ataques al Rey y a los jueces, pero no siempre por ese orden. Las marchas con antorchas quizás estén previstas para que los manifestantes alumbren su propio camino y no se despisten, porque hay siempre otros. Los que obligan a transitar Quim Torra sabemos ya a dónde conducen, para no llegar a ninguna parte a condición de dar muchos rodeos. En la Diada de este año han coincidido los que atacan al Rey y los que prefieren atacar a la Justicia. Todo está previsto para la agitación callejera menos las calles. Torra y Puigdemont son los que ordenan el tráfico porque el independentismo también está dividido.

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