El péndulo

El péndulo
Rosa Belmonte
ROSA BELMONTE

Se puede ser un truhán y un señor. Siempre hay que volver a Julio Iglesias (y al Dúo Dinámico), aunque es difícil que no se te aparezcan los de Tricicle. Se puede ser Marcos de Quinto y Marcos de quinta. ¿Qué necesidad tiene ese señor diputado de insultar en Twitter y decir que le ha votado mucha gente? Sí, como a Adolfo Suárez Illana. Porque estabas el dos de una lista. Se puede ser un reputado tenor y un cerdo. Un respetado empresario y otro cerdo. Va a tener que pasar un tiempo, pero me está dando la impresión de que a la vez que unas mujeres acusan a Plácido Domingo de usar su péndulo, a Plácido Domingo le está tocando a favor el movimiento de otro péndulo. Es verdad que Europa no es EE UU (aunque lo vaya pareciendo). Que aquí de toda la vida nos gustaban más las películas de Woody Allen. Lo que no sabíamos es que íbamos a terminar estrenándolas mientras allí siguen con sus me(too)meces. Europa no es EE UU y el Teatro Real no es la Orquesta de Filadelfia.

Igual que el péndulo de Foucault oscila libremente en cualquier plano vertical y es posible que lo haga durante horas, el péndulo del #MeToo, que en cierto modo demuestra la rotación de las tendencias, está oscilando hacia un lado desde hace tiempo. Las francesas fueron las pioneras, criticando el puritanismo del movimiento. Si Greta está preocupada por el planeta, Deneuve y compañía estaban preocupadas por el hecho de que se satanizara la seducción (aguantar babosos está en el juego).

Domingo, culpable o inocente, tiene la suerte de que la gente está #Hastaglaspelotas de linchamientos periodísticos, de recuerdos de Morgan Freeman o del marido de la mezzo Ann Sophie von Otter (acusado de acoso y abuso sexual, que se suicidó sin demanda alguna). Pero esto del péndulo es una ocurrencia. O como diría Carmen Calvo sobre el peaje en las autovías, sólo es un avance de una reflexión.