Un nuevo tiempo

La sintonía del Gobierno vasco con Sánchez facilita la búsqueda de acuerdos, pero no cabe esperar efectos milagrosos a corto plazo

Sánchez, durante el Congreso de Ministros./
Sánchez, durante el Congreso de Ministros.
EL CORREO

Con la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa se abre un nuevo tiempo en las relaciones entre los gobiernos central y vasco, que estará condicionado por la exigua minoría parlamentaria del PSOE y el calendario electoral. El nuevo presidente ha exhibido una magnífica sintonía con el PNV, al que debe en buena medida el triunfo de la moción de censura, y tiene previsto entrevistarse en breve con el lehendakari. Pero no por ello cabe esperar efectos milagrosos e inmediatos para Euskadi a cuenta del relevo en el poder. A corto plazo ya sería suficiente con que la renovación de los equipos ministeriales no retrasara las obras del tren de alta velocidad ni las otras inversiones previstas en los Presupuestos del PP con los que van a gobernar los socialistas tras descalificarlos sin paliativos. Y con que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, corrigiera sus recelos hacia el Cupo vasco como supuesta fuente de «privilegios financieros injustificados», una postura con la que el PNV ha sido mucho más comprensivo que cuando la manifiesta Ciudadanos. La precariedad con la que Sánchez ha accedido al poder le concede margen para lanzar gestos simbólicos al tradicional electorado de la izquierda, que tiene la oportunidad de recuperar. No para honduras políticas que necesiten tiempo o dinero, o que supongan desgaste político. De entre todos los interlocutores posibles en Madrid, el Gobierno vasco tiene ahora seguramente a los que más sensibles pueden ser a sus aspiraciones. Ello le brinda una posibilidad inmejorable de buscar acuerdos. Existe terreno para avanzar si el PNV no cae en la tentación de planteamientos maximalistas. Por muy agradecido que esté a los jeltzales, no podrá atender peticiones de ese tipo un Ejecutivo débil, presionado por una oposición sin tregua del PP y de Ciudadanos, y que se moverá en un escenario preelectoral con un clima de opinión en el resto de España poco proclive a componendas con el nacionalismo. Ese ambiente en nada favorece el traspaso de competencias pendientes. Pero con voluntad de entendimiento y sentido común es posible sortear los problemas que planteen algunas tan complejas como la gestión del régimen económico de la Seguridad Social, prevista en el acuerdo de Gobierno PNV-PSE sin la ruptura de la caja única. Los jeltzales no pueden esperar de Sánchez una actitud más complaciente de la que hubiese tenido Rajoy en una reforma del Estatuto con agudo sesgo soberanista y que reconozca el derecho a decidir. Harían bien en explorar las potencialidades de un nítido giro hacia el posibilismo en ese terreno.

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