Noticias falsas

El Gobierno de Sánchez se comporta como Trump cuando califica de 'fake news' las noticias que le disgustan y amenaza con amordazar a la prensa

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Las noticias falsas o 'fake news' transmitidas de forma masiva a través de las redes sociales constituyen una de las más novedosas amenazas a las que se enfrentan los sistemas democráticos. La capacidad para modificar la opinión pública con fines políticos mediante bulos disfrazados de información o groseras manipulaciones de la realidad ya ha quedado probada en el 'Brexit' o en las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos. Los gigantes tecnológicos a través de los que tales mentiras son difundidas a gran escala tienen la obligación de combatir esta práctica intolerable, ante la que han cerrado los ojos, y los medios para hacerlo con eficacia sin que por ello se resientan sus millonarias ganancias. El Gobierno de Pedro Sánchez ofrece una patética muestra de debilidad cuando intenta confundir a los ciudadanos al calificar de 'fake news' noticias verídicas que le incomodan o críticas más o menos ácidas a su gestión que podrán ser discutibles, pero también absolutamente legítimas. Ese comportamiento recuerda al de Donald Trump cada vez que la prensa deja al desnudo sus vergüenzas. Refugiarse en el victimismo más primitivo y en la desgastada fórmula de matar al mensajero revela la desesperación del Ejecutivo por su acelerado desgaste.

Muy acorralado y escaso de argumentos tiene que verse para amenazar con restricciones a la libertad de prensa sin precedentes desde la Transición bajo la excusa de una pretendida avalancha de 'fake news' en España, que supondría un ataque a la democracia y a los derechos constitucionales. No existe tal. Donde él ve una «cacería» solo hay una sucesión de escándalos que en apenas cuatro meses ha obligado a dimitir a dos ministros por un comportamiento poco ético y tiene en la picota a otros dos e, incluso, al presidente por las sospechas que se ciernen sobre su tesis doctoral. Y un cúmulo de improvisaciones, rectificaciones y promesas incumplidas que han puesto en cuestión la solidez del equipo que rodea a Sánchez y dejado en evidencia su descoordinación. El enfrentamiento público entre la ministra de Trabajo y la de Economía a propósito de la subida de las pensiones en función del IPC es la última muestra de ello. Con este panorama es lógico que el nerviosismo cunda en las filas del Gobierno, que mejor haría en practicar la autocrítica que en endosar a terceros la responsabilidad de sus propios errores. Esperemos que su torpe respuesta no revele algo más grave: que no ha entendido la función de control de los excesos de poder que la prensa tiene encomendada en un régimen de libertades.