No me voy

Casado ha asumido modos de acusica, apuntando a la tesis de Sánchez. Si cae, hará todo lo posible por no caer solo

No me voy
Maria Maizkurrena
MARIA MAIZKURRENA

No me voy, me quedo, me voy a quedar, no me voooooooy», cantaba Cristina Cifuentes por intervención técnico-creativa de Iván Lagarto. Todavía lo canta, una y otra vez, cada vez que alguien accede al correspondiente video de Youtube con unos cuantos clics o toques mágicos de pantalla. «No dimitiré», dice ahora Pablo Casado, a medida que el caso de su máster sigue su curso con nuevas pruebas y nuevas dudas que la juez quiere aclarar. Por eso lo ha trasladado al Supremo. Ella ya no es competente para continuar la instrucción, ya que el actual presidente del PP es aforado por ser diputado. Sospechoso es que le convalidaran 18 de las 22 asignaturas del famoso curso, pero legal y legítimo. Raro, muy raro, demasiado raro, que, para tres de las asignaturas restantes, sacara sobresaliente… en quince días. Extraño, muy extraño es el error que cometió el propio Sr. Casado cuando mostró un tríptico informativo de la Universidad en el que, según él, constaba que la asistencia a clase no era obligatoria. Cuando la juez obtuvo el mencionado tríptico para comprobar la prueba, leyó en él todo lo contrario: en la ficha técnica del curso consta que «es presencial». El Sr. Casado tiene una cierta fama de hacer afirmaciones a la ligera, afirmaciones veloces y contundentes como polvaredas mediante las cuales ha ido dando importantes tropezones. Errores de bulto variable, exageraciones deformantes como espejos deformantes. ¿Mentiras, mentirijillas, mentirotas, medias verdades? El tema de la inmigración irregular, que en verano siempre arde, ha dado para unas cuantas: la foto del presidente Sánchez con los viajeros del 'Aquarius' (la que nunca se hizo), la insinuación improbable de que alguien ha dicho que hay papeles para todos, la cifra extraterrestre de un flujo migratorio de un millón de personas. Los medios de comunicación las han llamado «las mentiras de Casado». ¿Miente Casado? ¿Miente mucho, demasiado, miente de forma compulsiva como Cristina Cifuentes? ¿Creen los políticos que la mentira es una obligación que asumen con el cargo? A medida que progresa el caso del máster se va haciendo más difícil negar lo evidente y los argumentos son del tipo «todo el mundo lo hace». Lo que pasa es que un delito no deja de serlo si lo hacen muchos y cuando llega a un tribunal de pronto se activa su potencial de 'hecho punible' y puede llegar a ser un acto castigado. «No dimitiré», dice Casado, que es experto en esos argumentos que tanto resuenan por el PP cada vez que pillan a alguno de los suyos con las manos en la masa: argumentos del tipo «pasó hace mucho» y «lo que me han hecho a mí no se lo han hecho a nadie». Con su mejor cara de niño pícaro y desvergonzado, el flamante presidente del PP ha asumido modos de acusica, apuntando explícitamente a la tesis doctoral de Pedro Sánchez. A las claras se ve que, si Casado cae, hará todo lo posible por no caer solo.

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