de la necesidad virtud

de la necesidad virtud
Olatz Barriuso
OLATZ BARRIUSO

Cualquiera que conozca un poco al PNV sabe que es un partido que suele caer de pie. Pero algunas veces, como a todo hijo de vecino, los planes se le tuercen. Y tiene que improvisar. Algo de eso sucedió en los convulsos días de la pasada primavera en los que el futuro político del país cambió para siempre, como ayer desveló el lehendakari en el Foro Expectativas Económicas organizado por EL CORREO y el Banco Santander. Una costumbre, la de revelar interioridades, a la que Iñigo Urkullu es poco o nada dado, aunque ayer, sorprendentemente, vino a admitir que hubiese preferido cualquier opción (una dimisión de Rajoy al frente del PP pero no como presidente del Gobierno, una renuncia que dejase abierta la posibilidad de una investidura de su 'número dos', Soraya Sáenz de Santamaría, la inmediata convocatoria de elecciones generales) antes que llevar a La Moncloa a Pedro Sánchez apenas una semana después de haber contribuido de forma decisiva a sacar adelante los Presupuestos de Rajoy.

Recordará el lector que el PNV facilitó la aprobación de esas Cuentas en medio de una tremenda presión ambiental e interna por la permanencia en vigor del artículo 155 en Cataluña. Pero, con su usualmente ponderado pragmatismo, tuvo claro que le interesaba brindar estabilidad a Rajoy y evitar así una eventual victoria de un crecido Ciudadanos, a quien por entonces (aún no había llegado Vox) veía como el adalid de una posible regresión autonómica que podía llevarse por delante el laboriosamente construido autogobierno vasco. Por eso, Andoni Ortuzar y Urkullu, que mantenían una relación fluida con Rajoy (en el caso del primero incluso de cercanía y afinidad personal), le pusieron todas esas opciones sobre la mesa. Habían interiorizado que si no se acogía a alguna de ellas, el clamor social contra la sentencia de 'Gürtel' no les dejaba otra opción que cortar amarras. Incluso, contra la voluntad del partido o al menos de su sector mayoritario. En el fondo, ambos sabían que la frágil mayoría 'frankenstein' en que se asentaba la 'operación Sánchez' era una caja de Pandora de la que podían salir vientos, truenos y tempestades. Y Urkullu era muy consciente ya entonces de que la jugada era de todo menos ventajosa para él, que perdía el cómodo apoyo del PP al Presupuesto y se veía forzado a negociarlo con EH Bildu (algo que, obviamente, no le gusta) o abrir la puerta a lo que más repudia en política, la inestabilidad.

Ahora, con el hundimiento del PSOE en Andalucía y la 'reconquista' que promete la ultraderecha, Urkullu se ha sentido legitimado para desvelar las posiciones que defendió entonces. Por algo será. Ya desde el principio, el PNV tuvo claro que haría de la necesidad virtud y presentó el extremadamente débil Gobierno de Sánchez como una oportunidad para avanzar en autogobierno e incluso para abrir la puerta a una reforma del modelo de Estado. Los avances han sido muy tímidos y quedarían en agua de borrajas si la legislatura se termina abruptamente. Y los partidos catalanes, una vez más, han defraudado al PNV y al lehendakari, que esperaban que aprobaran los Presupuestos de Sánchez. Nada de eso ha sucedido. Y Urkullu vino a entonar ayer un 'no digan que no se lo dije'.

 

Fotos

Vídeos