La Naval: Un recuerdo imborrable

«Mi vinculación con La Naval marcó de manera determinante mi historia personal, política y sindical»

El histórico dirigente de UGT, Nicolás Redondo, en La Naval de Sestao en una visita realizada en diciembre de 2010./José Luis Nocito
El histórico dirigente de UGT, Nicolás Redondo, en La Naval de Sestao en una visita realizada en diciembre de 2010. / José Luis Nocito
NICOLÁS REDONDO URBIETAExsecretario general de UGT

En los últimos años, La Naval de Sestao ha sufrido un lamentable y progresivo deterioro empresarial sin que, bajo mi punto de vista, los poderes públicos, especialmente el Gobierno vasco, hayan efectuado los esfuerzos necesarios tendentes a revertir el paulatino declinar de una empresa que fue en su día un referente mundial del sector de la construcción naval.

Mi vinculación con La Naval marcó de manera determinante mi historia personal, política y sindical. Entré a trabajar -previo examen- como aprendiz de ajustador en 1942 hasta el año 1973, año en el que fui despedido por mi activismo sindical. Fueron treinta años de memorables experiencias de abnegación y entrega a una clase social a la que me vinculé con lazos indisolubles. No fue difícil. En aquel entonces, La Naval proporcionaba un entorno que reforzaba considerablemente los valores de la 'cultura obrera' y de sus exigentes códigos de conducta.

En la plantilla predominaban trabajadores muy conscientes del valor de su alta cualificación profesional, además de fuertes organizaciones en la clandestinidad con militantes muy comprometidos, capacidad de propaganda y dedicación al proselitismo, con las que me comprometí con ilusión y entusiasmo: UGT, PSOE y las Juventudes Socialistas. Las diferencias ideológicas y políticas que se suscitaban entre las organizaciones antifranquistas se superaban en el día a día en la búsqueda de un interés superior: la recuperación de la libertad, la democracia y la defensa de los intereses de los trabajadores.

Recuerdo que en 1946 fueron a la huelga los remachadores y caldereros, originada por motivaciones sectoriales y de oficio sin ninguna orientación de tipo político. También la huelga general de 1947, primera huelga de masas de carácter político, convocada por el Gobierno vasco en el exilio, reivindicando el 1º de Mayo y el restablecimiento de las libertades democráticas. El día 2 de mayo, un día después de la huelga, al ir a trabajar, nos notificaron la pérdida de antigüedad y nos manifestaron que teníamos que ingresar uno por uno a la fábrica. La plantilla no aceptó esta exigencia y, por lo tanto, la huelga duró unos cuantos días más.

He conocido en múltiples ocasiones múltiples ejemplos de 'solidaridad' en la plantilla de La Naval. Sobre todo vienen a mi imaginación las frecuentes colectas de ayuda económica para los represaliados por motivos laborales, así como mi participación en dichas colectas que, en ocasiones, llegué a disfrutar como represaliado.

También recuerdo con orgullo la defensa del principio de la solidaridad, como se puso de manifiesto el 30 de abril de 1962, apoyando la huelga iniciada en el Pozo Nicolasa de Asturias. El apoyo consistió en parar La Naval de Sestao. El paro se inició concretamente en la sección de Maquinaria, y se desarrolló a través de la llamada 'culebra' (manifestación por talleres y oficinas, arrastrando a todos los trabajadores), que consiguió parar toda la empresa. Esa misma noche (30 de abril) fui detenido por la brigada político-social, acusado de comunista, sedición e incluso de invasión privada (supongo que por la práctica de la 'culebra').

El paro se fue extendiendo por todo el País Vasco. El día 5 de mayo se declaró el Estado de Excepción en Asturias, Vizcaya y Guipúzcoa. Dicha huelga, iniciada como se ha dicho en el Pozo Nicolasa de Asturias, fue dirigida sustancialmente por el Partido Comunista, lo que no fue un impedimento para que fuera secundada y apoyada, sin ninguna reserva, por la UGT y el PSOE.

Las múltiples reuniones y asambleas que se celebraban eran las que determinaban las acciones a seguir y los acuerdos alcanzados se aprobaban en función de los intereses de los trabajadores, a pesar de las diferencias estratégicas entre el PSOE y UGT, por una parte, y el PC y CC OO, por otra. Estas diferencias se establecían, sobre todo, en la participación en el sindicato vertical y, en concreto, en la preeminencia de los Jurados de Empresa y la Comisión de Fábrica (defendidas por CC OO) o la de los Comités de Fábrica (defendidos por UGT, al margen del sindicato franquista). En relación con estas diferencias, años después, se llevó a cabo una votación en la que participó el 80% de la plantilla, donde se eligió un Comité de Fábrica de 15 miembros (entre los que me encontraba), que fue detenido, pero no por ello dejó de funcionar, en defensa de los trabajadores.

En noviembre de 1966 estalló la huelga de Laminaciones de Bandas de Echévarri, apoyada por la UGT y difundida sin reservas en el ámbito europeo en busca de ayuda económica y de solidaridad. Fue una huelga brutalmente reprimida en la que fui desterrado a Las Mestas, un pueblo de Las Hurdes (Cáceres). Es significativo que la orden por la que se levantó mi destierro fue motivada por la conmemoración del 30º aniversario de la liberación de Bilbao por las tropas franquistas.

Desde luego, las relaciones con los comunistas, con una fuerte presencia en La Naval, seguían siendo complejas y a veces tensas; lo que no nos impedía superar estas diferencias y alcanzar notables acuerdos. Una de las muchas reuniones para concretar movilizaciones programadas en las grandes empresas de la ría entre organizaciones políticas y sindicales diferentes culminó con las detenciones de Carlos Alonso Zaldívar, Tomás Tueros y Julián Viejo en representación del PC y CC OO, y de Antón Saracibar y yo mismo en nombre de la UGT y del PSOE, efectuadas en Bilbao, el 31 de enero de 1973.

En todo caso, el formar parte de una familia de tradición socialista, desarrollar la acción sindical en la margen izquierda de la ría del Nervión y, en concreto, trabajar en La Naval de Sestao (catalizadora de las reivindicaciones sociales más relevantes de Euskadi) me ha permitido superar con templanza las consecuencias del 'fuego amigo', ante la certeza de que no siempre nuestros adversarios ideológicos estaban fuera de nuestras filas.

Mi compromiso sindical, en definitiva, me enseñó que la pertenencia a una clase social no sólo me vinculaba a La Naval. El sentimiento de clase era mucho más radical y profundo, independientemente de la empresa, provincia o región en la que se trabajara o viviera. Por eso quiero, finalmente, recordar con orgullo a los miles y miles de héroes anónimos que dedicaron su vida al servicio de la 'causa obrera' y a los que nunca se les ha reconocido su dedicación y esfuerzo militante. A todos ellos nuestro homenaje y reconocimiento más profundo. Muchos de ellos trabajaron y desarrollaron la acción sindical en La Naval de Sestao.