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Nacionalismo

Dicen que el fascismo está llamando a las puerta de Europa porque nadie ha refundado el capitalismo

Alexis Tsipras, actual primer ministro de Grecia. /El Correo
Alexis Tsipras, actual primer ministro de Grecia. / El Correo
MARÍA MAIZKURRENA

El nacionalismo es una droga que, en dosis moderadas, estimula la deportiva competencia entre naciones, pero en dosis altas produce delirios. Yuval Noah Harari, escritor y filósofo, afirma que el nacionalismo hace posible que millones de desconocidos cooperen, pero se convierte en fascismo cuando te dicen que tu nación es superior a las demás y «más importante que ninguna otra cosa en el mundo». También dice Harari que presentar el fascismo como un monstruo terrible es un error, pues eso impide que la gente lo reconozca cuando se siente tentada por él. Como todo mal, explica el pensador israelí, el fascismo tiene una cara seductora y hace que quienes lo adoptan se sientan «especiales, importantes, bellos». Quien se aproxima a él no ve ningún monstruo en el espejo. ¿Cuándo se pasa la raya del sentimiento de pertenencia a un grupo y se da en el fascismo, río o torrente que a su vez da en el mar de la guerra? Es difícil saberlo hasta que alguien se pasa de la raya. Las advertencias de Harari son de trazo nítido, pero en la vida hay que andar con la atención muy fina y el medidor siempre cargado. Quienes aspiran a mandar más de la cuenta, sean individuos o grupos, encuentran en el nacionalismo una herramienta insuperable, y cuando el hambre de poder se desborda el fascismo llama a la puerta. Dicen que hoy está llamando a las puertas de Europa porque nadie ha refundado el capitalismo tras los estragos de la crisis económica y porque los poderes tradicionales no saben dar respuesta a los problemas del siglo XXI. La democracia liberal está en apuros como allá en los años treinta del siglo pasado, y Tsipras, que se convirtió en el antihéroe griego al aceptar la carga de cumplir con los deberes impuestos a su país por el rescate, se ha presentado en Estrasburgo ya libre de esas cadenas para pedir una alianza de las fuerzas progresistas, liberales y democráticas. «Durante la crisis», ha dicho Alexis Tsipras, «la UE no se ha hecho más democrática, sino más tecnocrática y nacionalista».

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