El metrocaudillo

Lo que se da en la Europa de hoy es el 'führer-basura', que es una versión metrosexual del poder

El metrocaudillo
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Iñaki Ezkerra
IÑAKI EZKERRA

En su decálogo del populismo, Enrique Krauze señala, como infalible y primer punto, la exaltación del líder carismático, del «hombre providencial que resolverá, de una vez y para siempre, los problemas del pueblo». Hay quien se obstina en trasladar ese rasgo propio del contexto latinoamericano al viejo continente y ve un caudillo en cada marioneta que asoma por nuestro guiñol político. Pero si algo define al populismo europeo -y en esto el español no es una excepción- es el carácter fungible de sus cabecillas empezando porque la propia solidez del marco democrático y el funcionamiento de sus mecanismos propician, pese a sus deficiencias, la caducidad de los tiranos vocacionales por mucha vocación que tengan de eternidad. El mismo tópico de la partitocracia, que se esgrime contra nuestro sistema constitucional, lleva implícita la certeza de que cualquier forma de caudillismo colisiona con el régimen de partidos. Lo que se da en la Europa de hoy es el 'führer-basura', el moisés de usar y tirar, el metrocaudillo, que es una versión metrosexual del poder. De hecho, las más graves rabietas populistas son carros tambaleantes de los que se han bajado quienes las iniciaron. Si hoy es noticia el 'Brexit', es porque se ha quedado sin liderazgo. Nigel Farage ya ni siquiera está en el UKIP; a Boris Johnson se lo tragó la tierra y la tory que hoy lo abandera, Theresa May, es como el San Manuel de Unamuno; como un cura que no tiene fe. Otro tanto pasa con el 'procés' catalán, cuyo profeta, Artur Mas, se permite hasta cuestionarlo y está casi tan desaparecido como el Arzalluz de Lizarra, el Ibarretxe del Estado Libre Asociado o el Jean-Marie Le Pen al que su hija expulsó del FN.

En este inestable contexto, surgen dos novedades que no rebaten la tesis metrocaudillista. Surge la reactivación de Vox que -no lo olvidemos- inició su andadura con el sacrificio-exprés de Vidal-Quadras, o sea de quien se postulaba como 'dux' y planeaba seguir teniendo a Abascal como el alumno manipulable de los primeros tiempos de Denaes; y surge o resurge la última crisis de Podemos, que supone el enésimo cuestionamiento de Iglesias, su líder aún en funciones (teatrales); el mini-zar rojo de Vistalegre, que se ha quedado en micro-rasputín de Galapagar. Surge o se insurge Errejón, al que la derecha mediática ya le está haciendo el trabajo sucio de convertirlo en virgen y mártir; en un hombre de Estado; en la esperanza blanca de la socialdemocracia post-sanchista; en el Trotsky del pablismo o el Harry Potter del carmenismo; en la alternativa posibilista de la imposibilidad antisistema. Sigan dándole jabón a Errejón y harán de él un hombre de provecho; el delfín de la abuela Manuela que herede sus votos. Sigan por ahí y el Podemos que estaba cayendo en picado renacerá de sus cenizas. Y por fin España tendrá el Ministerio de la Magia que se merece.