Menores delincuentes

La rebaja de la edad de responsabilidad penal sería más efectista que eficaz

Los dos menores acusados del homicidio de 'Urren'. /
Los dos menores acusados del homicidio de 'Urren'.
ELCORREO

Los sucesos violentos protagonizados por menores de edad en las últimas semanas han generado una cierta alarma social, lógica dada la gravedad de los hechos: la muerte de un hombre en pleno centro de Bilbao, agresiones sexuales, robos, intimidaciones violentas... La acumulación en unos pocos días de delitos de ese tipo y la constatación de que a uno de los implicados en el homicidio de Ibon Urrengoetxea no se le podrán exigir responsabilidades penales al tener solo 13 años han desencadenado un encendido debate. En él pugnan, por un lado, los partidarios de un endurecimiento de la legislación vigente y de la imposición de castigos ejemplarizantes; y, por otro, quienes reivindican la bondad inocente de todo joven, cual ‘Emilio’ de Rousseau. Se impone un llamamiento a la cordura, a la reflexión serena y a considerar las aportaciones de los expertos en esta materia. La comprensible conmoción que causan sucesos tan trágicos no puede hacernos olvidar que los delitos cometidos por menores son una excepción, no un fenómeno habitual. Ni que el sistema judicial cuenta con recursos suficientes para reeducar a los jóvenes que han delinquido, como lo demuestra el altísimo nivel de reinserción social que ofrecen los centros especializados.

La ley prevé un distinto tratamiento en función de la edad, con la aplicación de penas más rigurosas de reeducación o internamiento en régimen cerrado para los que tienen entre 16 y 18 años que para los de entre 14 y 16. Tiene sentido abrir un debate sobre los posibles excesos garantistas de la ley, la conveniencia de aumentar el control de los planes de seguimiento familiar y personal, y las condiciones de internamiento del sector más reincidente -minoría entre la minoría- de jóvenes que han hecho de la conducta antisocial su modelo de vida. No parece que la rebaja de la edad penal -situada ahora en 14 años- sea defendida de forma mayoritaria por los expertos. Esta medida, planteada siempre al calor de tragedias recientes, sería más efectista que eficaz. Un reforzamiento de las labores de prevención y educación garantiza mejores resultados para afrontar un problema que requiere el trabajo conjunto de familias, educadores, Policía, Judicatura y expertos en trabajo social, entre otros sectores. Del éxito de esa tarea depende una mejora de la seguridad en las calles y también la integración de un sector de nuestra juventud al que es necesario alejar de la exclusión social y la marginalidad.

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