Mejor el botijo de agua fresca

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, interviene desde la tribuna del Congreso de los Diputados./EFE
El portavoz del PNV, Aitor Esteban, interviene desde la tribuna del Congreso de los Diputados. / EFE
Xabier Gurrutxaga
XABIER GURRUTXAGA

Acertado y ocurrente estuvo Aitor Esteban, portavoz del PNV, cuando con motivo del debate de las enmiendas a la totalidad al proyecto de Presupuestos Generales, refiriéndose a la reacción radical del PP y C's, afirmó que «les habría dado lo mismo si en vez de un relator hubiesen decidido poner un botijo con agua fresca». Totalmente de acuerdo. La figura del relator era pura excusa, pues el problema de fondo reside en si desde las instituciones del Estado se ha de abordar el problema catalán desde el diálogo con las instituciones catalanas y promoviendo el diálogo entre las formaciones políticas para intentar lograr por cauces democráticos y legales una reconducción de este grave conflicto.

El gran dilema que enfrenta a las formaciones españolas es defender el diálogo como única alternativa o decantarse por una estrategia de exclusión del ámbito del diálogo democrático a las instituciones catalanas y las formaciones independentistas, mediante la aplicación permanente del régimen excepcional del artículo 155 hasta que se 'domestiquen' o hasta que se les desaloje del Govern. También los partidos independentistas están inmersos en su propio dilema; divididos entre quienes se inclinan por reconducir el 'procés' hacia parámetros de diálogo con otras formaciones catalanas y también con las instituciones del Estado y aquellos otros que anclados en posiciones muy radicalizadas confían en la confrontación pura y dura.

En el planteamiento de estos últimos se busca el desistimiento del Estado, aunque para ello haya que provocar una espiral basada 'en cuanto peor, mejor'. Aunque Pedro Sánchez se ha esmerado en poner en marcha la vía de diálogo con las instituciones catalanas, el PSOE en su conjunto, en este tema, está atravesado por la división entre, por un lado, quienes apuestan por esta estrategia del presidente y, por otro, los que se inclinan por establecer una especie de 'cordón sanitario' con el independentismo para evitar que les contamine electoralmente en territorio español. Las reacciones y el rechazo que expresaron algunos líderes territoriales así como otras personalidades a la figura del 'relator' no era más que la excusa a la que se refería Aitor Esteban, porque el problema de fondo no es el relator, el mediador, o el botijo de agua fresca, sino qué actitud mantener con las instituciones de Cataluña.

El problema es grave, pues, estas posiciones en el fondo vienen a expresar la existencia de un cordón umbilical que une y ata directamente a estos líderes socialistas con el discurso del PP y Ciudadanos sobre la cuestión catalana, haciendo que la frontera de separación del espacio socialista sea muy permeable, lo que puede provocar trasvases importantes. Los sectores más jacobinos del PSOE piensan que la mejor manera de evitar esa permeabilidad es haciendo el mismo discurso que los populares y manteniendo la misma actitud de firmeza. Otros, sin embargo, entre ellos como cabeza más visible Miquel Iceta, creen que lo más eficaz es ir construyendo un discurso propio, autónomo sobre la cuestión catalana, sobre España y la configuración territorial del Estado. En el barómetro de enero del CIS se preguntaba también al encuestado en qué sentido influirá la situación de Cataluña en su voto. El 43% respondía «votando a partidos que plantean opciones de diálogo y negociación». El 36% respondía «votando a partidos que plantean opciones más radicales y más duras». No está nada claro que la opción del diálogo y la negociación perjudique a las formaciones que la defiendan, ni entre los unionistas ni entre los independentistas, aunque los extremos piensen que la polarización les favorece. A veces el electorado no funciona así.