Mayúsculo error

Al confundir el cumplimiento íntegro del Estatuto vasco con la «venta de España» el PP incurre en un despropósito que alienta el victimismo nacionalista

El presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso./EFE
El presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso. / EFE
EL CORREO

El ataque de nervios que ha desatado la sorprendente irrupción de Vox ha empujado al PP a un peligroso escoramiento de su discurso político, que lo aleja de la centralidad y es contradictorio con la trayectoria que más frutos le ha reportado tradicionalmente en las urnas. El acceso al poder en Andalucía, pese a cosechar el menor apoyo desde la Transición, y la proximidad de las elecciones generales y municipales han acallado las voces internas discrepantes con una deriva plagada de improvisaciones y disparates no siempre corregidos a tiempo. Ni la desesperada lucha por el fracturado voto del centro-derecha ni el afán por conectar con un cierto nacionalismo español en auge tras el desafío independentista catalán justifican la soberana metedura de pata protagonizada ayer por el PP. El Senado, donde tiene mayoría absoluta, aprobó una moción de los populares en la que insta al Gobierno a «no aceptar el catálogo de transferencias» acordado con el Ejecutivo vasco para completar el Estatuto de Gernika. Además, le emplaza a paralizar las recién iniciadas negociaciones sobre los traspasos pendientes. La esperpéntica intervención en la que la senadora del PP Esther del Brío sostuvo que la igualdad entre los españoles «se rompe cada vez que se aumentan las competencias a una comunidad», y sus reproches a Pedro Sánchez por «regalar» traspasos a Euskadi y «vender España» a cambio del apoyo del PNV reflejan el tono delirante que caracterizó el debate.

Pese a las pulsiones recentralizadoras que lo agitan bajo el liderazgo de Pablo Casado, el PP no puede ignorar que el Estatuto es una ley orgánica de obligado cumplimiento, aprobada hace más de 39 años y que aún no está desarrollada en su totalidad. El hecho de que los traspasos por ejecutar sean de entidad menor, salvo las prisiones y el régimen económico de la Seguridad Social, no justifica la falta de acuerdo sobre ellos cuatro décadas después. Una situación que solo alienta el victimismo nacionalista y la injusta infravaloración del autogobierno de Euskadi, que ha de ser completado conforme a lo previsto en la Carta de Gernika y dentro del marco constitucional. De la misma forma que es exigible al nacionalismo el más escrupuloso respeto a la legalidad lo es que los partidos y los gobiernos hagan lo propio respecto a la autonomía de Euskadi y su singularidad, sin dejarse llevar por los vientos del populismo. Lo contrario no solo es un absoluto desatino, como sostuvo ayer el lehendakari, sino que da alas al nacionalismo que se pretende combatir con tales ocurrencias.