Malos aires

Reducir las emisiones contaminantes de vehículos en las ciudades es un reto que obligará a actuar a los ayuntamientos vascos

Malos aires
Juan Carlos Hidalgo / EFE
EL CORREO

El Gobierno vasco ha emplazado a restringir el tráfico en las ciudades a partir de 2025 para combatir la contaminación atmosférica y sus nocivas consecuencias sobre la salud. Una recomendación genérica y sin concreciones que también figura entre las formuladas en un reciente congreso internacional sobre cambio climático celebrado en San Sebastián. De la urgencia de actuar en esta materia da fe el hecho de que la polución ambiental causa 800.000 muertes prematuras en Europa cada año, según un estudio difundido esta semana que dobla las estimaciones de la Agencia Europea del Medio Ambiente. El uso intensivo de combustibles fósiles en el transporte y en la industria ha acelerado el calentamiento global y favorecido episodios de elevada contaminación del aire como los que hicieron saltar las alarmas en Euskadi a finales de febrero, con perniciosos efectos para las personas con dificultades respiratorias. Algunas capitales de la UE han empezado a adoptar o evaluar drásticas limitaciones a la circulación de vehículos, dentro de una estrategia de respuesta a los efectos del cambio climático. El debate al respecto es inaplazable en Euskadi, donde las acciones emprendidas hasta ahora para impulsar un entorno sostenible son valiosas, pero insuficientes para combatir con eficacia un problema de enorme gravedad.

Penalizar el uso del automóvil privado ya sea mediante la prohibición de su acceso al centro de las ciudades en determinadas circunstancias, la imposición de peajes por entrar en ellas o un fuerte encarecimiento de la OTA es una medida profundamente impopular que genera controversia en los ayuntamientos vascos, reacios por ahora a dar pasos de ese tipo. Las instituciones han de actuar con la prudencia que requiere una cuestión tan sensible, pero también con la responsabilidad que conlleva el reto de contener una seria amenaza para la salud de los ciudadanos. Reducir las emisiones contaminantes de los vehículos hasta erradicarlas por completo a medio plazo no es una opción, sino una obligación, cuya necesidad resulta más acuciante conforme pasa el tiempo. Ese objetivo pasa, entre otros factores, por un renovado parque automovilístico propulsado por energías limpias, una mejora del transporte público y un profundo cambio de hábitos sociales. Los poderes públicos y la industria están conminados a buscar respuestas que concilien el respeto al medio ambiente, del que depende el futuro de todos, con un nuevo concepto de movilidad compatible con los estándares de calidad de vida exigibles en una sociedad moderna.