LUCES Y ESCALAS

Los bomberos ven problemas en la reforma de Iparraguirre

LUCES Y ESCALAS
G. DE LAS HERAS
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

El oficio matiza mucho la mirada. Si uno se dedica al sector de las molduras, es probable que en el Louvre se fije antes en el marco dorado que en La Gioconda propiamente dicha. La deformación profesional es inevitable, pero no presenta siempre la misma relevancia. Una cosa es que alguien del mundo de la moda te afee una combinación de colores y otra que un arquitecto te alerte sobre la grieta esa que te ha salido en el salón. A los bomberos hay que reconocerles que a la hora de advertir tienen una enorme autoridad sobrevenida. Se sustenta sobre su familiaridad con el fuego, que es algo que nadie quiere tener cerca, a menos de que esté bajo control y a poder ser también bajo una parrilla que contenga un chuletón.

Ahora los bomberos han visto, como todos los bilbaínos, las infografías que ilustran la reforma de Iparraguirre. Y parece que se llevan las manos a la cabeza, que en su caso están cubiertas con unos cascos blancos muy fardones. Ante la nueva, vanguardista, semipeatonal y espectacular Iparraguirre, donde usted dijo «qué bonito» o «qué espanto», ellos prescinden de la estética para decir simplemente «tendremos problemas».

Los problemas están relacionados con la iluminación colgante en zigzag, uno de los elementos más llamativos de la reforma de Iparraguirre. Los bomberos calculan que, en caso de tener que actuar en uno de los pisos altos de la zona, la instalación lumínica les obligaría a hacer malabarismos, inclinar la escala hasta límites que afectarían a su resistencia y capacidad y a trabajar más cerca de lo deseable de una instalación eléctrica.

Los bomberos se ponen en lo peor, pero lo hacen por un buen motivo: calcular cómo llegar lo antes posible a resolverlo. Explican que en la nueva Iparraguirre tendrían dificultades en caso de incendio, pero también si lo que hay que hacer es intervenir en una cornisa o rescatar a alguien de un piso alto por la fachada.

Parecen demasiados problemas para un enclave que, a diferencia de tantos otros, no acumula complicaciones sobrevenidas, sino que se rediseña ahora con la intención de que se modernice y mejore, ascendiendo, como quien dice, de calle a bulevar. Lo bueno, imagino, es que todavía se está a tiempo de ajustar un poco el proyecto para que, además de la admiración y la modernidad, por Iparraguirre circulen bien las Emergencias.

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