Al límite

Si el Parlamento británico aplaza la aplicación del 'Brexit', la UE deberá obligar a Londres a que no le transfiera las cargas de una salida diferida

Al límite
Oliver Boehmer
EL CORREO

El Parlamento británico votó el martes en contra del acuerdo alcanzado por la primera ministra, Theresa May, con el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, para añadir una declaración propia al acuerdo sobre el 'Brexit' a modo de salvaguarda irlandesa. Ayer tuvo la oportunidad de decidir que el 'Brexit' fuese aplicado sin acuerdo. Su postura contraria a tal eventualidad por solo cuatro votos refleja la fuerza acumulada por los más extrenmistas en un país partido en dos. La Cámara decidirá hoy si quiere o no posponer el 29 de marzo como fecha de salida de la Unión Europea. Esta última opción cobrará sentido si los demás socios de la UE aceptan prorrogar, al parecer en dos meses, la aplicación del artículo 50 del Tratado de Lisboa y, en definitiva, si en ese tiempo May logra inclinar el parecer del Parlamento hacia la aceptación del acuerdo. Ayer se evitó, aunque de forma muy apurada, el peor de los males: una desconexión abrupta del Reino Unido respecto al resto de la UE de la que continúa formando parte. Tal supuesto habría obligado a Londres a determinar en solitario las circunstancias de su salida, que a causa de la simpleza extrema de tal propósito resultaría para los británicos aún más compleja que el 'Brexit' acordado.

Conviene no engañarse: esa es la razón última de que Westminster eludiera salir por su cuenta, ya que solo la litigiosidad a la que daría lugar empantanaría las perspectivas de futuro del Reino Unido. Pero aunque se evitara una aplicación abiertamente desordenada del 'Brexit', los meses precedentes y las semanas que puedan sumarse al dilatar la salida refrendada en 2016 por los británicos está generando un desconcierto insostenible. Este período preambular está comportando muy serios costes en inversiones y decisiones empresariales que también se posponen, en movilidad ciudadana que se retrae, en horizontes que se orillan en la vida de tanta gente. El hecho de que el 'Brexit' esté siendo gestionado por alguien que en 2016 se mostró contraria a romper con el resto de la Unión Europea, Theresa May, refleja el despropósito de una operación cuyos promotores continúan sin responsabilizarse política y personalmente de sus consecuencias mientras azuzan al Gobierno británico. Si hoy el Parlamento de Westminster vota a favor de prorrogar el preámbulo del 'Brexit', el Consejo y la Comisión Europea no tendrán más remedio que obligar a Londres a que salga de su marasmo renunciando a transferir a la UE las cargas de una conducta que se está mostrando unilateral.