Una legislatura en el alambre

La guerra entre el PP y Ciudadanos amenaza la estabilidad del Gobierno y los Presupuestos

Mariano Rajoy y Albert Rivera./AFP
Mariano Rajoy y Albert Rivera. / AFP
ELCORREO

El PP y Ciudadanos recorren a una velocidad de vértigo la distancia que separa a los dos aliados fieles que fueron de los rivales cada vez más encarnizados en los que se han convertido. La alta tensión entre ambos partidos, unida a la profunda y creciente antipatía mutua que se profesan sus líderes, amenaza el pacto sobre el que se asienta la precaria estabilidad del Gobierno. La escenificación a gritos y en la plaza pública de las múltiples desavenencias entre los dos supuestos socios es lo más parecido al preludio de una ruptura de imprevisibles consecuencias y acentúa la incertidumbre sobre el futuro de la legislatura. Algo inconveniente en una situación en la que el enorme reto que implica la crisis catalana requiere un Ejecutivo fuerte, con pulso e iniciativa política. Por eso haría bien Mariano Rajoy en aprovechar la salida de Luis de Guindos -si al final se confirma su vicepresidencia del BCE- para inyectar savia nueva en su equipo y en revitalizar el PP con acciones de más calado que una batalla a sangre y fuego con Ciudadanos, cuya victoria no tiene asegurada.

La guerra abierta por el control del centro-derecha pone en peligro incluso el comprometido apoyo de Albert Rivera a los Presupuestos del presente año. La estabilidad de la economía aconseja la aprobación de las Cuentas, que depende del entendimiento entre los dos socios a la greña y de que sumen sus votos a los del PNV. Un compañero de viaje inevitable para Rajoy, aunque incómodo para él y aún más para Ciudadanos tras su apuesta por el derecho a decidir. Es cierto que la exultante reacción ‘naranja’ a su triunfo en Cataluña, a costa del hundimiento del PP, ha combinado peligrosas dosis de prepotencia y demagogia. Y que los populares han respondido a garrotazos desde una altanería que solo se explica por el pánico que ha cundido en sus filas a ser engullidos por Rivera. Rajoy no puede dar por sentado el sí ‘naranja’ a los Presupuestos aunque incumpla los compromisos contraídos con Ciudadanos. Y este partido, subido a la cresta de la ola de las encuestas, habrá de decidir qué le interesa más: demostrar su capacidad de influencia en unas Cuentas que incluyan rebajas de impuestos y otras medidas que pueda atribuirse como éxitos propios, o la satisfacción íntima de ver morder el polvo a Rajoy y colocarle en una situación límite. Lo que no va a conseguir, haga lo que haga, es un inmediato adelanto de las elecciones. La legislatura se agotará o no, pero el presidente la estirará todo lo que pueda.

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