UN JUEGO MUY PELIGROSO

Resulta inquietante que el PNV insistaen agitar banderas soberanistas, pese al incendio catalán, ante la pasividad de un desdibujado PSE

UN JUEGO MUY PELIGROSO
Alberto Ayala
ALBERTO AYALA

El PNV va a defender hoy, codo con codo con la izquierda abertzale, el llamado derecho a decidir y el acuerdo de bases de marcado carácter soberanista pactado por ambas formaciones en el Parlamento de Vitoria para reformar el Estatuto de Gernika.

Será en un seminario extraoficial organizado en el Parlamento europeo por los grupos en los que se integran nacionalistas y secesionistas vascos y catalanes, entre otros. Por parte peneuvista tomará la palabra, cómo no, su portavoz en la Cámara de Vitoria, Joseba Egibar. Por EH Bildu, su homóloga, Maddalen Iriarte. En la jornada intervendrán también las dos organizaciones sociales que han impulsado el 'procés' desde la calle en los últimos años, la ANC y Omnium Cultural. La primera de ellas acaba de urgir al president Quim Torra a romper amarras e implementar ya la República Catalana.

La cita tiene una evidente carga simbólico-política. Además de ser la enésima confirmación de que el PNV, todo el PNV, ha decidido afrontar las próximas citas electorales -europeas, municipales, forales, y ya veremos si también generales- enarbolando sus mejores banderas soberanistas. ¿Por temor a perder votos independentistas en pleno incendio catalán?

Es evidente que el derecho de autodeterminación y la aspiración a que Euskadi se separe del resto de España forman parte del ADN del PNV. Un ADN que, eso sí, permanece guardado en un cajón casi todo el año no vaya a ser que esa gran mayoría de vascos que para nada desea la independencia se enfade y corran el riesgo de perder el poder, como ya sucedió tras el 'plan Ibarretxe'.

Los máximos líderes del PNV, Andoni Ortuzar y el lehendakari Iñigo Urkullu, vienen asegurando desde antes del verano que el partido está dispuesto a suavizar las bases pactadas con EH Bildu para intentar consensuar un proyecto de Estatuto con podemitas y socialistas, tras las elecciones del año que viene, claro. Que prosperara sería la única forma de que luego tuviera posibilidades de recibir el plácet del Congreso y de que ocho años de discusiones no acaben en un «fracaso estrepitoso (Urkullu dixit).

Esa invitación al pacto a Elkarrekin Podemos y al PSE constituye munición de primera para que el electorado peneuvista más templado no se asuste y el 28 de mayo opte por quedarse en casa o por elegir la papeleta de otra formación. Pero, ¿es creíble? Desde luego irse a Bruselas a defender las bases soberanistas junto a EH Bildu le resta credibilidad.

Cuando la mayoría independentista en Cataluña salta por los aires, como ocurrió ayer, y el riesgo de fractura social allí sigue 'in crescendo', que el PNV insista en sus juegos soberanistas, que cuadros como Markel Olano nos digan la envidia que les da lo que está sucediendo a orillas del Mediterráneo, parece de una enorme irresponsabilidad. Por más que luego se envíe al lehendakari Urkullu a sofocar las llamas extintor en mano.

Quizá si los jeltzales no tuvieran a su lado a un PSE tan desdibujado, que se limita a alzar timidamente la voz muy de tarde en tarde, para luego seguir cómodamente en sus pequeños espacios de poder, los de Ortuzar le darían otra vuelta al peligroso juego que están jugando. Sólo tal vez.

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