¿No eran de izquierdas?

Este es un raro país lleno de fachas mileuristas y rojos con cuenta en Suiza

El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. /El Correo
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. / El Correo
IÑAKI EZKERRA

No te olvides de que este es un país de izquierdas». Aunque sé que esa tesis es un frecuente lugar común en las discusiones políticas, todavía no deja de sorprenderme, porque siempre he creído exactamente lo contrario. Lo que siempre he creído y lo que nunca olvido es que este es un país de derechas que se cree que es de izquierdas. A poco que rascas, el que más va de laicista y anticlerical por la vida es un criptomeapilas, un sacristán camuflado que te lo sacraliza todo: la República, la Revolución de Asturias, el moño de Dolores Ibárruri, el puñito cerrado de Largo Caballero… Por sacralizar y santificar, te sacraliza y te santifica hasta el laicismo y el anticlericalismo. El mismo gesto epatante de Pedro Sánchez con los inmigrantes del 'Aquarius' para mojarles la oreja a sus colegas de la Unión Europea, a mí no me remitía a la cultura de la izquierda sino al tradicional y carpetovetónico ricacho de pueblo que, en la misa mayor, se sacaba mil pesetas de la cartera cuando pasaban el cepillo. Con una ligera diferencia: el ricacho de pueblo tradicional y carpetovetónico se sacaba aquellas mil pesetas de su bolsillo y no del erario público, como Pedrito.

Pero si eso pasa con los socialistas, ¿qué no pasará con los nacionalistas que son la derecha auténtica de este país, aunque se crean de izquierdas porque están todo el día luchando contra Franco en diferido? De repente, asoma por el horizonte una medida fiscal como la subida del IRPF que han estado negociando el PSOE y Podemos para las rentas de más de 150.000 euros y caemos en la cuenta de que el PNV y los convergentes catalanes ahora reconvertidos en el PDeCAT, por muy antifranquistas que sean a toro o a Franco pasado, han sido los eternos enemigos de aumentar esa clase de impuestos a «los que más tienen». De pronto, nos acordamos de que muchos de «los que más tienen» en este país viven en comunidades autónomas tan izquierdistas como Cataluña y el País Vasco.

Uno no está ni a favor ni en contra de esa propuesta que se nos anuncia como el más duro caballo de batalla con el que el Gobierno Sánchez tendrá que vérselas para negociar con los nacionalistas catalanes y vascos los Presupuestos de 2019. Uno se limita a reparar en esa contradicción, que demuestra que este es un raro país lleno de fachas mileuristas y rojos con cuenta en Suiza o en Panamá; de gente que no es tan progresista como se pretendía y que, cuando su izquierdismo choca con la subida del IRPF, acaba en RIP, o sea en 'Requiescat in pace'. Uno piensa que el mejor camino para alcanzar una justicia impositiva sería el de una auténtica acción fiscal de inspección sobre los sectores que más defraudan, o sea el camino por el que han renunciado a avanzar hasta hoy todos los partidos que nos han gobernado tanto en Madrid como en Pamplona y en Vitoria. Sí, mejor cambiar de tema y hablar de Franco.

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