Irreconciliables

Irreconciliables
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Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

La palabra de moda es transversal. Todos los partidos, movimientos, asociaciones, quieren ser transversales, en el sentido figurado de inter-clasistas, inter-generacional, inter-ideológico. O sea, abiertos a todas las corrientes de pensamiento, religión, orientación sexual o identidad territorial. Se apela a un cierto desarme de fronteras políticas, ideológicas, religiosas, para confluir en opciones que apuesten por un denominador común de interés general. Y no deja de ser un planteamiento bien intencionado y posmoderno. Que conecta con aquella tesis ya desbordada por los acontecimientos del fin de las ideologías. Pero no olvidemos que precisamente los sinónimos de transversal en el sentido gramatical de la palabra son: atravesado, torcido, oblicuo, cruzado. Que paradójicamente están más cerca de la realidad.

Porque lo real es que esa apelación a la transversalidad social coincide con un momento en que los síntomas apuntan justo a la contrario. A la solidificación de dos sociedades incompatibles. No diría irreconciliables, pero cerca. Las palabras claves de la política, de la convivencia, de la cohesión social ya no significan lo mismo para una parte de la sociedad que para otra. Libertad, democracia, familia, Constitución. Los valores y conceptos que antes convocaban a la gran mayoría, excepto a una minoría más ácrata y antisistema, ahora aparecen ya en medio de la refriega. La familia tradicional de unos parece incompatible con las familias abiertas de otros. La Constitución como fundamento de la unidad para unos es la palanca para la metamorfosis según otros. La libertad se debe imponer al derecho, según las nuevas doctrinas sobre el alcance de la democracia en sociedades que quieren romper el corsé de los estados. Esta confrontación de proyectos que en tuiter alcanza grados de confrontación de una extrema agresividad, en la vida pública también está estableciendo un foso diferencial alarmante. Y afecta a los elementos esenciales de la unidad y consistencia del Estado. En primer lugar en la educación. El énfasis por controlar los aspectos ideológicos del aprendizaje de las nuevas generaciones a través de un sistema público reforzado minimizando la educación concertada/privada. O al contrario, es algo más que un síntoma de incompatibilidad de proyectos en la sociedad española.

La dura confrontación entre las posiciones conservadoras y vanguardistas en lo relativo al modelo de familia es otro elemento inquietante. Padre-madre, versus progenitor uno, progenitor dos, es la punta del iceberg de este distanciamiento entre los dos grandes bloques sociológicos en España. Si añadimos elementos clave de la estabilidad ya cuestionados como la lengua común, la monarquía parlamentaria o la unidad territorial, no podemos ocultarnos la gravedad del problema. Y como ambos bloques tienen una fuerza de similares voltios es más que probable que el horizonte hacia donde vamos sea una parálisis social de características insospechadas.