intensamente nacionalistas y cívicos

intensamente nacionalistas y cívicos
Braulio Gómez
BRAULIO GÓMEZ

De los peligros que acechan a la democracia, tal como la hemos entendido y defendido hasta ahora, el que está alcanzando mayor cobertura mediática es el del nacionalismo. Así, en general. Da igual que lo invoque el presidente francés para señalar a los EE UU de Donald Trump y su egoísmo aislacionista o que lo utilice el líder del PP para criminalizar a los separatistas. Con la misma saña, desde otra trinchera, se estigmatiza todo lo que huela a nacionalismo español. Se mezclan tantas cosas que se llega al extremo de teorizar sobre la incompatibilidad entre nacionalismo y democracia. Así, en general. Da igual que el nacionalismo sea étnico y excluyente o cívico y asociado a valores democráticos.

Esto puede sorprender a los ciudadanos que viven en sociedades plurales donde son mayoritarias las posiciones nacionalistas y que han sido gobernadas por partidos nacionalistas la mayor parte de su historia democrática, como es el caso de Euskadi. Puede resultar interesante observar cómo son los ciudadanos que se declaran a sí mismos como nacionalistas vascos intensos. Durante lo que dura este artículo, los que se definen así son aquellos que se sitúan a sí mismos entre el 8 y el 10 en una escala que va de 0 a 10, donde el 0 representa mínimo nacionalismo vasco y 10 máximo, según los datos del Deustobarómetro.

Estamos hablando de un 15% de los ciudadanos. En primer lugar, se puede destacar que la mayoría es favorable a destinar más dinero público a atender a los ciudadanos más desfavorecidos, aunque para ello tengan que pagar más impuestos. Un dato que coincide con la gran importancia que dan a la justicia social (8,3, en escala 0-10) como parte constitutiva de su identidad y que coincide con su posicionamiento en la izquierda ideológica.

Dos tercios se situarían entre el centro izquierda y la extrema izquierda. Se sienten más identificados con su cuadrilla (8), su familia (9,5) o con la buena mesa (7,61), que con la ikurriña (6,7) o con la independencia de Euskadi (6,2).

No hay ningún vínculo entre la intensidad con la que viven su nacionalismo y la religión católica; la mayoría considera que el Estado tiene que ser laico. No sienten una exagerada pasión por sus colores, ni por los de su equipo de fútbol (4,5) ni por el partido al que suelen votar (5,5).

Tienden más a la protección del medio ambiente que al crecimiento económico que no garantice la sostenibilidad, pero no se posicionan en contra de la globalización a la que asocian tantos beneficios como perjuicios. Son más de abrir las fronteras a los inmigrantes que de cerrarlas. La mayoría (56%) apoya que todos los inmigrantes con o sin papeles tengan acceso gratuito a la Sanidad y a la Educación en las mismas condiciones que el resto de la población. El 96% defiende que los gays y las lesbianas gocen de absoluta libertad para vivir como quieran.

En cuanto a la justificación del uso de la violencia para alcanzar fines políticos, el 81% se posicionaría radicalmente en contra, un 10% matizaría esta afirmación y un 3% justificaría en algunos casos el uso de la violencia política. Un 5% no responde. Estamos hablando de un 15% de la sociedad vasca, la que vive con gran intensidad su nacionalismo vasco.

Y que viven con toda la intensidad del mundo un nacionalismo mucho más parecido al cívico que al étnico. Las sociedades complejas y plurales deben estar alerta ante las propuestas soberanistas con base étnica. No es la demanda dominante en Euskadi, ni siquiera entre los abertzales más intensos.

 

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