Insostenible Puigdemont

Su empecinamiento en ser investido al margen de la legalidad desde su refugio en Bruselas ha agrietado el independentismo

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont./EFE
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. / EFE
ELCORREO

Carles Puigdemont se ha convertido en un serio problema hasta para los más irredentos del independentismo catalán. Su empecinamiento en ser investido presidente de la Generalitat por control remoto desde su autoexilio en Bruselas, aunque para ello haya que burlar de nuevo la legalidad más elemental, demuestra que nada ha aprendido de la suicida espiral que condujo a Cataluña al borde del precipicio. La desbandada de algunos de los principales referentes del ‘procés’, que han renegado de la vía unilateral ante el Tribunal Supremo -ya sea por convicción o, lo más probable, por su paso por prisión provisional y los graves delitos que pesan sobre ellos-, refleja su creciente aislamiento y debería empujarle a una inmediata rectificación. Puigdemont parece olvidar que está huido de la Justicia, a más de 1.300 kilómetros de Barcelona, con una orden de detención sobre sus hombros en cuanto pise suelo español y un oscuro horizonte penal por delante, que podría traducirse en años de cárcel e inhabilitación. Aspirar en esas condiciones a dirigir Cataluña para continuar una hoja de ruta rupturista que ya cuestionan algunos de los más duros entre los duros es una broma de mal gusto.

Artur Mas, su antecesor en el cargo, le ha tenido que recordar el alto valor de la «generosidad» en política en una implícita petición de que se quite de enmedio y dé paso a otro candidato como hizo él mismo en enero de 2016. Puigdemont tiene plenos poderes para manejar a su antojo el PdeCAT tras haber evitado el ‘sorpasso’ de ERC el 21-D y conseguido una mayoría independentista en el Parlamento. Ese éxito ha supuesto un alivio para los neoconvergentes. Pero al precio de plegarse al enrocamiento radical del expresidente de la Generalitat -que, como ya se ha visto, solo conduce a un callejón sin salida- y enterrar de paso el giro hacia el posibilismo abanderado por algunos dirigente del partido. Entre ellos, el propio Mas, instigador en su momento de la deriva secesionista y que ahora admite su inviabilidad con un apoyo en las urnas del 47% y sin respaldo internacional alguno. Esta semana se constituye el nuevo Parlamento catalán sin que se haya aclarado el futuro de Puigdemont y su imposible investidura por vía telemática. Empeñarse en ese camino solo generará más inestabilidad, frustración y fractura social.

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