Índices y crónicas

La demanda de RGI regresa al nivel de 2009

Índices y crónicas
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

No hay catástrofe sin lección y con la crisis de 2008 hemos aprendido algo en lo tocante al diagnóstico económico por aproximación. Es una disciplina que recuerda a las artes adivinatorias. Hay quien lee el futuro en los posos del café y quien lee la situación económica en sitios más insólitos: el tráfico de camiones, las solicitudes para procesionar en Semana Santa, el consumo de bebidas de alta graduación. Atendiendo a indicadores semejantes, quienes no sabemos de economía hemos ido enterándonos de cómo marchaba lo de la recesión. Y hemos pontificado. No saber de economía no incapacita para hablar de economía. Vivimos en un país serio. Así que, cuando el amigo de la Comercial utilizaba la variación del PIB interanual como un dato a su favor, tú contraatacabas con alguno de tus índices decisivos: el alquiler de disfraces de negro del WhatsApp, por ejemplo, subiendo al 3,8%.

Hay sin embargo datos colaterales que presentan bastante más utilidad. Comprobar cómo le va a la gente con más problemas puede ser una manera de comprobar cómo va el problema en general. Por eso no suena mal que en Bilbao el número de perceptores de la RGI sea el más bajo desde finales de 2009. Según explica el Ayuntamiento, lo que ha ocurrido es que mucha de la gente que en los peores años apenas conseguía algún que otro trabajo temporal ha comenzado a emplearse de un modo estable. De ese modo, personas que han estado años entrando y saliendo del sistema de protección tendrían ya la mínima seguridad que da contar con unos ingresos regulares, por más escasos que sean. Les estaría yendo mejor, y esas son la clase de crónicas personales que se esconden siempre tras los índices.

El reverso de esa moneda tiene que ver con los perceptores de la RGI que, ni aun mejorando las cosas, consigue un trabajo, generalmente por una mezcla de factores que tienen que ver con una formación escasa y con una edad no tan escasa. Ese perfil se redondea con otro factor biológico y difícilmente reversible: ser mujer. Eso preocupa a las instituciones, que señalan un fenómeno de cronificación que no es sencillo de resolver. Será en cualquier caso más sencillo ponerse a ello si las cosas marchan bien. Los perceptores de la RGI no son, por cierto, ni tantos ni tan extranjeros como ha llegado a oírse, y no siempre en la barra de algún bar.