La hormiga y la cigarra

La hormiga y la cigarra
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Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La idea de crear nuevas EPSV de empleo no despertó el entusiasmo inicial de los dirigentes empresariales pero, tras la oportuna consulta a las empresas, han matizado mucho su posición y se muestran dispuestos a analizarla.

A mi modo de ver hay dos cuestiones básicas, una vez que nadie discute las bondades de contar con sistemas más completos de protección de la jubilación. El cuento de la hormiga y la cigarra tiene un profundo sentido económico y debería explicarse con detalle en las escuelas de economía, pues aquí se trata de enfrentar el consumo del presente con el ahorro para el futuro.

Una interpretación extremadamente liberal tendería a presuponer que todos somos mayores de edad y que cada cual debería decidir entre dedicar el verano a la canción o a guardar granos para el invierno. Pero, por si acaso, todos estamos a favor de imponer sistemas que obliguen a hacer como las hormigas y a completarlos con otros que favorezcan el seguir acumulando grano para el invierno de manera complementaria. De eso va el asunto.

Una de las cuestiones básicas de las que le hablaba unas líneas más arriba es quién paga el coste de las nuevas figuras de EPSV. Las empresas dicen que bastante tienen ahora con absorber el aumento de las cotizaciones sociales y que no se dan las condiciones para empeorar los costes laborales. Los trabajadores consideran que la evolución de los salarios no admite grandes alegrías recaudatorias. Así que las miradas se concentran en las haciendas, dado que el tratamiento fiscal es y ha sido siempre el motor central de los sistemas de previsión. Para ellas es un momento mucho más favorable y ayer conocíamos el enorme incremento obtenido en la recaudación, una parte de la cual podría ir destinado a financiar las aportaciones.

Por si se ha hecho usted ilusiones, no se ha dado cuenta y es uno de los muchos que salen los lunes a manifestarse delante del Ayuntamiento, le recordaré que esto va de pensiones futuras y no de pensiones actuales. Lo siento.

Sea como sea y pague quien pague, hay otra cuestión de la que se habla menos y que me parece capital. Los fondos ya acumulados y los que se acumularían con esta nueva fórmula deberían ir destinados a financiar nuestro desarrollo económico, máxime cuando se reclama la ayuda pública para constituirlos.

Miramos siempre con desánimo a nuestra falta de músculo financiero para acometer grandes proyectos o para mantener aquí la sede de las grandes empresas. No es del todo cierto. Tenemos mucho más músculo del que empleamos. Lo que sucede, dicho con crudeza, es que no queremos invertirlo en nosotros mismos.