El hombre feminista

Las diferencias se atenúan entre los géneros. Cada vez son más parecidos física, estética y mentalmente

El hombre feminista
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Fernando Luis Chivite
FERNANDO LUIS CHIVITE

Esto del hombre feminista parece un oxímoron. Una contradicción en los términos. ¿El hombre feminista? La mayoría de las mujeres, me temo, tuercen un poco el morro o miran con reticencia y como de soslayo ante semejante esguince ontológico. No obstante, el hombre feminista ya está aquí, alegrémonos: conciliador, autocrítico y bienintencionado. Dispuesto a reconocer el presunto agravio atávico sobre el que se ha desarrollado el viaje de la especie humana en este pequeño y hospitalario planeta azul, por desgracia irrepetible y al borde del colapso. Llevamos aquí 200.000 mil años. Hasta hace apenas 70.000 éramos cazadores y dormíamos en cuevas. Y, según las previsiones, dentro de mil nos habremos extinguido. Pero no hay duda de que en el siglo XX cambió el ritmo de la historia. Ahora todo va a otra velocidad.

Intentar imaginar la suerte del ser humano en esos mil años que aún quedan (muchos me parecen) da dolor de cabeza. Y hasta náuseas. Cuando yo nací todavía se labraban los campos con arado, como en Mesopotamia. Ahora haces la compra con el mismo chisme con el que te sacas las fotos, lees el periódico o te comunicas con el mundo. El hombre feminista tenía que llegar. Es una consecuencia lógica de la evolución humana (al igual que la neurosis de ansiedad y el cine de los Coen). Y supongo que es la puerta de entrada al nuevo ser humano.

Observen la aproximación de los géneros. Ya está pasando. Se atenúan las diferencias. El hombre cada vez mas parecido a la mujer y la mujer cada vez más parecida al hombre. Física, estética y mentalmente. Los rasgos se suavizan, las ropas se intercambian. Y, sobre todo, los hombres estamos aprendiendo a pensar como mujeres y las mujeres están aprendiendo a pensar como hombres. A pensar y a actuar. En realidad, bien podría decirse, así lo creo, que todos los hombres tenemos también un lado femenino. Y viceversa. A excepción de Abascal, tal vez, perdón.

Lo malo de ser un hombre feminista, como Pablo Iglesias o mi propio cuñado, ahora que todavía hay pocos, es la paliza que tienen que aguantar. Algunas mujeres les miran con reticencia, vale, y otras (las menos) les sueltan cosas poco delicadas. Pero también muchos hombres de pensamiento tradicional e ideología conservadora los ven como un peligro e incluso se permiten insultarles. 'El futuro es femenino' pone en la camiseta de mi hija. No sé. A mí me da la impresión de que el futuro es andrógino y vamos hacia eso. En todo caso, yo solo he tenido hijas, así que automáticamente me pongo a favor de ellas. En el fondo se trata de derechos humanos y justicia elemental, ¿no? No utilices la palabra feminismo si no te gusta. Como ha dicho la escritora nigeriana Ngozi Adichie: «Los hombres tienen que darse cuenta de que la igualdad es buena para ellos». Muchos ya lo saben.