Hackear a los hackers

Benedict Cumberbatch en una escena./HBO
Benedict Cumberbatch en una escena. / HBO
BORJA BERGARECHEDirector de Innovación Digital de Vocento

No sé si han visto la película-documental sobre el 'Brexit', titulada 'Uncivil War' en inglés, y 'Brexit' a secas en su distribución en España a través de HBO. Relata, desde una ficción muy pegada a la realidad, cómo los defensores de la salida del Reino Unido de la UE pusieron en marcha una insurgencia político-tecnológica sin precedentes, con el resultado por todos conocido. La película está protagonizada por el actor británico Benedict Cumberbatch, que encarna al gurú electoral Dominic Cummings, considerado como el arquitecto de la exitosa campaña pro-'Brexit'. La película ha recibido numerosas críticas, por acciones y omisiones que ahora no vienen al caso. Cummings es un maquiavélico visionario expulsado por un 'establishment' de Westminster horrorizado por sus tesis radicales y antisistema. La película retrata cómo, para derrotar a ese 'establishment' en el referéndum, acude a una 'startup' tecnológica, AggregateIQ, para lanzar una campaña masiva de mensajes políticos personalizados en redes a partir de la minería masiva de datos y comportamientos de millones de ciudadanos en Facebook o Google. «Vamos a hackear el sistema», dice Cummings, mientras vemos a lo lejos la silueta centenaria del Parlamento británico.

AggregateIQ es una de las empresas asociadas a Cambridge Analytica, la compañía que utilizó de forma ilegal datos personales de 50 millones de usuarios de Facebook para la elección de Donald Trump. Bolsonaro en Brasil, Vox en Andalucía pero también Barack Obama en Estados Unidos han recurrido a este tipo de tecnologías de minería digital y 'big data' para movilizar a sus electores y sacudir campañas electorales. Todos ellos, con éxito. La tecnología funciona. Y podemos hacer con ella cosas que antes no podíamos. La pregunta es: ¿debemos hacer todo aquello que las nuevas tecnologías nos permitan hacer por el mero hecho de que podemos? Einstein y los científicos del Manhattan Project se enfrentaron al mismo dilema. La respuesta, es decir, la definición de los límites de lo posible, debe venir de la racionalidad, la responsabilidad y la ética. De la regulación democrática de los usos de los avances técnicos y científicos de la Humanidad. En este campo -aunque esta era de cruzadas nacional-populistas y cruzados de la posverdad pueda parecer lo contrario-, asistimos a avances muy importantes en la domesticación de los excesos de la tecnología. Como si ahora fuera el propio sistema el que estuviera hackeando a los hackers (y permítanme el uso figurado de un término sobreexplotado que no significa más que amante o experto en tecnología, pirata en su acepción más empleada).

El pasado martes, el Gobierno británico publicó el informe 'Cairncross' sobre el futuro de la industria de los medios. Entre sus recomendaciones, incluyen la asunción de unas «obligaciones de calidad informativa» por parte de multinacionales como Google (que incluye Youtube) y Facebook (que incluye Instagram y Whatsapp), para que sus plataformas ayuden a discriminar entre contenidos tóxicos y contenidos periodísticos. Además, les exige elaborar códigos de conducta para que la difusión algorítmica en estas redes de los contenidos que hacemos los medios discurra por cauces diferentes a los de las mentiras y la basura que crean otros. El miércoles, las instituciones de la UE alcanzaron un acuerdo finalsobre la nueva directiva de copyright. Esta refuerza a nivel europeo el derecho de las industrias culturales (música, cine, libros, prensa) a ser compensados por el uso que Google o Facebook hacen de sus contenidos. Y establece la obligación a Youtube de velar porque los contenidos que se suben a su red, y que generan un lucrativo negocio publicitario, cuenten con los debidos derechos de propiedad intelectual. ¿Sabían que Youtube acaba de anunciar modificaciones en su algoritmo para reducir la circulación de contenidos sobre teorías de la conspiración y falacias como que La Tierra no es redonda, que campan a sus anchas por esta plataforma? ¿Y sabían que Youtube es la red social más utilizada por Vox para difundir su mensaje, y sus mentiras? Salvaguardar la libertad de expresión y la asombrosa capacidad de innovación de los gigantes de Silicon Valley exige, precisamente, que desde el sistema hackeemos -regulemos- la dimensión más pirata del nuevo mundo digital. Y en eso estamos.