Hablemos de Europa

El profesional siempre tiene miedo a que las expectativas del hincha se conviertan en obligaciones injustas para él, pero no importa

Hablemos de Europa
Luis Ángel Gómez
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

No deja de tener su gracia que la victoria del Athletic en Huesca nos haya planteado un problema. O mejor dicho, que el hecho feliz de que los rojiblancos se hayan situado más cerca de Europa que del descenso haya suscitado entre nosotros un debate que podríamos resumir con una pregunta. ¿De qué debemos hablar ahora? Y es que, por lo visto, hay temas que es mejor no mentar, expectativas que no conviene regar, ilusiones que hay que cortar por lo sano en cuanto empiezan a florecer. Esto sería lo correcto. Lo verdaderamente cabal. Los periodistas, por supuesto, tendríamos una gran responsabilidad en este sentido. Como formadores de la opinión pública deberíamos ser los primeros en enviar mensajes estrictos y prudentes que fueran como jarros de agua fría contra la euforia. Frente a la fiebre desatada del hincha, leernos debería tener el efecto del paracetamol.

Estas líneas, por lo tanto, debería dedicarlas a alertar contra el peligro que suponen aquellos aficionados del Athletic que, tras observar la clasificación, ya hablan abiertamente de la posibilidad de volver a la competición continental la próxima temporada. Debería interpelarles con la acritud del capitán Haddock. ¿De qué vais, botarates? ¿En qué estáis pensando, marineros de agua dulce? ¿Acaso os habéis olvidado de que hace dos días pasábamos hambre? ¡Un poco de sensatez, coleópteros! Pues bien, voy a hacer exactamente lo contrario. Lejos de afearles la conducta, me uniré a ellos como un buen camarada. ¿Cómo no vamos a hablar de Europa? ¿De qué vamos a hablar? ¿Del alivio de haber salvado el pellejo? ¿De la importancia de defender el undécimo puesto como si defendiéramos nuestro pequeño espacio para la toalla en una playa abarrotada?

Que un entrenador repita lo de partido a partido es lo natural. Que lo haga un hincha, una estupidez

En estas situaciones, no hay que hacer ningún caso a los técnicos y a los jugadores. Garitano, por ejemplo, dijo el lunes que le hacía mucha gracia que algunos hablaran de Europa cuando hace dos días el Athletic estaba en descenso, y reconoció que estaba un poco harto de escuchar esa palabra. Insisto: ni caso. Al entrenador de Derio hay que interpretarle. No es que no quiera escuchar la palabra Europa. Todo lo contrario. Seguro que está feliz y orgulloso de que su equipo haya generado esa expectativa cuando hace solo dos meses le estaban tomando las medidas para el ataúd. Seguro que, cuando ayer escuchó la música de la Champions, se le dibujó por dentro una sonrisa soñadora. Aclarémoslo de una vez. Los profesionales tienen mucho miedo a que las expectativas de los demás se conviertan de inmediato en exigencias exageradas para ellos. Lo que no desea Garitano es que Europa se convierta para él en una obligación sobrevenida, producto del hambre insaciable de los hinchas. «Lasai, lasai», le gustaría decirles.

Nosotros le entendemos. En realidad, aquí, en esta comedia del fútbol, nos entendemos todos desde hace mucho tiempo. Que un entrenador viva al día y repita como un mantra lo de «partido a partido», sin querer mirar más allá, es lo natural. Que eso lo haga un aficionado, en cambio, es una estupidez porque en su propia naturaleza está el mirar a lo lejos, al horizonte de las alegrías venideras, por llamarlo de algún modo.

Es completamente razonable, por tanto, que Garitano venda prudencia. Es más, imaginemos que el entrenador del Athletic fuese un charlatán de feria que estuviera vendiendo ya la Champions. Diríamos que es un bocachancla, un fantasma. Y nos reiríamos de él cuando la realidad le pusiera en su sitio. De la misma manera, Garitano sabe perfectamente que la obligación de los aficionados siempre será soñar con un futuro mejor y que los equipos sobreviven, precisamente, porque esa ilusión no deja nunca de renovarse. Que ahora algunos le hablen de Europa no significa que le estén planteando una exigencia injusta y desproporcionada -viendo el juego del Athletic en Huesca es evidente que las carencias del equipo siguen siendo flagrantes-, sino que le están muy agradecidos por el trabajo que está haciendo.