GRETA

GRETA
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

No hay planeta B. Pero sí una generación Z decidida a salvar el planeta A. Y Greta Thunberg es su profeta. Que esta sueca flacucha a sus 16 años haya pasado una depresión con desorden alimentario incluido, tenga síndrome de Asperger y un aspecto un tanto alienígena no sé si es una señal de que el cambio climático ya está aquí o más bien la vieja historia de siempre: que detrás de un líder dispuesto a ponerse al frente de la Humanidad se oculta a menudo una persona asustada y perdida. De Greta me gusta el fin (frenar el calentamiento global). Pero me temo que no justifico sus medios (dejar de ir a clase los viernes). Comparto su preocupación, pero no su táctica (tan adolescente) de echarle la culpa al vecino... Thunberg acusa a las generaciones precedentes de estar dejando a la suya sin futuro (como si no fuéramos también víctimas del mismo sistema). Y lo hace de un modo culpabilizador, moralista, que, para lo moderna que es, me resulta un tanto antiguo.

A su madre, cantante de ópera, ya le ha convencido de que no acepte conciertos que le obliguen a viajar en avión, porque los aviones contaminan. Y ahora está empeñada en que también deje de comer queso... Con su padre lo ha tenido más fácil. El hombre (quizás por no oírla) ya se ha hecho vegano, como ella... Ignoro qué efectos tendría ahora mismo en el planeta que todo el mundo dejara de coger aviones y renunciara a la carne y al queso, pero, así de entrada, las consecuencias para la Humanidad se me antojan aún más catastróficas que las del cambio climático.

Confieso que esta minipredicadora de impermeable amarillo cuatro tallas más grande me resulta un poco inquietante. No creo que nadie a estas alturas (ni el primo de Rajoy) niegue que el calentamiento global se acelera, que el planeta se nos muere por envenenamiento y que es urgente hacer algo. Mañana, viernes, se espera que la generación de Greta abandere en España lo que ya se anticipa como el 15-M del cambio climático. Supongo que es justo y necesario. Solo deseo que este joven movimiento se apoye en principios racionales, objetivos y científicos, basados en posibilidades reales, y no acabe (como les está ocurriendo a tantas ideologías) convertido en una nueva religión llena de dogmas.

Temas

España