El gesto

El lenguaje corporal es el denominador común de toda la cúpula de la formación morada

El diputado Íñigo Errejón, durante la rueda de prensa en la que ha anunciado que abandona el escaño./J. P. Gandul / EFE
El diputado Íñigo Errejón, durante la rueda de prensa en la que ha anunciado que abandona el escaño. / J. P. Gandul / EFE
Elena Moreno Scheredre
ELENA MORENO SCHEREDRE

Obligada por los virus a quedarse en la cama, la fiebre desorientando su lucidez y la extrañeza de aquellas horas laborales perdidas, la socióloga abandonó las estadísticas y se dedicó a ver la televisión. Como le dolía la cabeza, bajó el volumen hasta resultar apenas audible. Los programas matutinos hacían horas extras a pie de un pozo donde se realizaban unas excavaciones contrarreloj, precipitadas por la adversidad de la vida. Se retransmitía en directo la impotencia, la desolación y la imposible aceptación de la realidad. La pantalla iba del lugar de los hechos al plató. Tras asentimientos graves por parte de la corresponsal se conectaba con una tertulia de discusiones geológicas de alto nivel donde España tenía la oportunidad de volverse ingeniero de minas. Le relajaba no escuchar con nitidez la manera en que se retransmitía el drama, por eso agradeció que dieran paso, ya avanzada la mañana, a otra de las noticias que ocupaban los titulares. Errejón enarcando las cejas, y con su carita de no haber roto un plato en su vida, aclaraba matices de la delicada textura de lo que todos denominaban traición. Estuvo tentada de sacar el brazo del universo cálido del interior del edredón, pero el inicio del movimiento le produjo un escalofrío disuasorio. Se dedicó a mirar la secuencia de imágenes de amistad, inquebrantable, de los dos jóvenes políticos fundadores de Podemos. Las neuronas se le espabilaron cuando encontró el denominador común de aquella militancia; el lenguaje corporal. Toda la cúpula, si bien era notablemente acentuado en el líder, hablaban con el cuello ligeramente adelantado, proyectando la barbilla hacia delante, los hombros desmadejados, bolígrafo en mano, en un gesto de tensión controlada, como si estuvieran a punto de expulsar un sapo mientras pronunciaban el discurso con maneras de maestro zen. Las camisas hechas para un patronaje común al de todos los homo sapiens a ellos les tiraban de sisa en gestos que hubieran horrorizado a Balenciaga.

Buscó entre los adeptos de parte femenina, preguntándose si el descamisamiento era un capricho masculino u obedecía a que quizás Iglesias quería diferenciarse de Sánchez al que le caían los trajes como un guante. Como el líder estaba de baja maternal, la socióloga persiguió como un sabueso a la colíder y con fascinación la vio adelantar el cuello con una agilidad envidiable, separar los omoplatos, engullir el porte en un gesto de dudoso sometimiento. Intrigada por el descubrimiento, salió de su bienestar y a pesar de los estornudos tecleó para consultar en un manual de lenguaje corporal; levantar la cabeza y proyectar la barbilla hacia adelante: un signo que pretende comunicar expresamente agresividad y poder. Volvió a refugiarse en el calor y decidió que sería un buen proyecto comprobar si Errejón cambiaría los ademanes cuando fuera integrara el Parlamento de la comunidad de Madrid.