Feminismo: un movimiento transversal

Feminismo: un movimiento transversal
Eliseo Trigo / EFE
EVA SILVÁNPolitóloga | Colectivo Doce Miradas

El 8 de marzo de 2018 fue el día en el que descubrimos que el feminismo podía convertirse en un movimiento transversal de gran alcance, donde quedan reconocidos electorados heterogéneos, personas de edades y procedencias socioeconómicas diversas; todas ellas reflejo de la sociedad en la que vivimos. Según un reciente estudio, un año después, el espejismo de la igualdad parece ir difuminándose, y el 82% de las mujeres y hombres cree que la desigualdad entre sexos es real. El feminismo se está convirtiendo, de hecho, en una de las fuerzas sociales y políticas más potentes. Un logro que debemos agradecer al trabajo sostenido de años y años de las mujeres del feminismo, sin el que el 8 de marzo de 2018 nunca se habría producido.

¿Y este 8 de marzo qué? Pudiera parecer que con tomar conciencia de que la desigualdad de género es real, es más que suficiente. Es condición indispensable, pero no suficiente. Ahora mismo, lo realmente transformador es tomar conciencia de que los cambios duraderos son aquellos que ofrecen otras maneras de hacer, otras maneras de relacionarse, de articular la sociedad, más corresponsable, más justa y más equitativa. Difícilmente vamos a consolidar los cambios si nos damos por satisfechas, nos quedarnos en casa y dejamos de incidir en las cuestiones que todavía quedan por resolver.

Cierto que hay quien siente cierta saturación ante la insistencia de nuestras demandas. Pero contra esa percepción que algunos se empeñan en trasladar, hay mucho que proponer y mucho por avanzar. Hay un movimiento empujado por un soplo de aire fresco: el de las nuevas generaciones, niñas, adolescentes y jóvenes, que necesitan y piden referentes femeninos.

Contra esa percepción, hay un movimiento empujado por el aliento de una generación de mujeres mayores, que hartas de haber sufrido en sus carnes la discriminación por ser mujer, con la sensación de quien sabe que todo lo que queda por delante es ganancia, alaban el buen gusto de las mujeres que ya no aguantan a los maridos «que no se hacen ni el huevo».

Contra esa percepción, un movimiento que se mueve por la necesidad de seguir conquistando espacios, seguir sumando voces de mujeres que protagonizan muchas esferas de la vida con otras maneras de hacer y de dirigir. Queremos escuchar su voz.

Y contra esta percepción, un movimiento que se mueve por urgencia, la urgencia de las mujeres que sufren la desigualdad más atroz; las que cobran menos porque desarrollan un trabajo feminizado; las que sufren la violencia de género; las que gritan que a ellas no las concilia nadie, que se concilian solas.

Ante la percepción de que hemos llegado a la meta, la realidad es que queda camino.