FACTOR HUMANO

Las máquinas de lectura de pasaportes llegan a Loiu

FACTOR HUMANO
FOTOLIA
Pablo Martínez Zarracina
PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

Todo bilbaíno se sabe empadronado en un imperio. Por ese lado, ver cómo el aeropuerto de Loiu crece y mejora causa un orgullo casi inevitable. Está asociado a la conquista del planeta. «¿Yahora qué, JFK?», pensamos muchos al descubrir que podíamos desayunar un cruasán de Arrese en la zona de embarque antes del primer vuelo a Madrid.

Como lo megalómano no quita lo sentimental, la evolución del aeropuerto causa también cierta impresión agridulce. Se parece a la de ver cómo un niño adorable se transforma en un saco ruidoso de hormonas pubescentes. No hay crecimiento sin destrozo. Ni resignación sin melancolía. Yel aeropuerto de Loiu, aun pareciendo abocado a la ampliación, se mantiene por ahora dentro de esas coordenadas razonables, humanas, casi artesanales que hacen que viajar sea algo comprensible antes que algo enloquecido e industrial.

El nuestro es un aeropuerto manejable en el que las aglomeraciones no son muy frecuentes, las maletas tienden a regresar con sus dueños y puede hacerse tiempo leyendo tranquilamente en cualquier rincón. Igual es localismo, pero hasta tengo la sensación de que pita uno menos al pasar por los arcos de seguridad de Loiu. ¿Yno es más educado que en otros aeropuertos el personal que te dice qué hacer con el teléfono y el cinturón en el puesto de control? Si hasta creo que los policías del puesto son menos puntillosos. Apenas te registran. Y, cuando lo hacen y comienzan a darte palmadas en la espalda y en el pecho, pues terminas tú dándoselas también a ellos, y abrazándolos, y diciéndoles de ir a tomar un pote, ya que parecen una gente majísima y nunca ha sido fácil en esta ciudad distinguir un registro enérgico de un saludo afectuoso.

Ahora en Loiu van a instalar máquinas de esas que leen automáticamente los pasaportes. El delegado del Gobierno explica que agilizarán el tránsito de los viajeros y permitirán que los agentes dediquen tiempo a otras labores. Y eso está bien. Pero se echará de menos el factor humano. Siempre pensé que en Bilbao el agente que te miraba a ti y miraba tu documentación, consecutivamente, un par de veces, mientras tú ponías sin querer cara de sospechoso, te juzgaba con menos rigor. Yhasta igual avisaba después a la Interpol de que eras medio idiota, pero tenías buen fondo. Y así te iba después de bien en los aeropuertos del mundo. Como la seda.